Lejos de la mesa familiar y de los homenajes en casa, la jornada para muchos comenzó antes del amanecer en una ciudad donde el deporte marca el ritmo de cada hora.
No compiten por medallas ni subirán al podio, pero su trabajo resulta indispensable para que la mayor fiesta deportiva de Centroamérica y el Caribe transcurra sin contratiempos.

Desde las distintas sedes de competencia hasta la Villa Centroamericana, el Centro de Prensa, las áreas de transporte, seguridad, alimentación, salud, mantenimiento y organización, decenas de ellos cumplen con responsabilidades que pocas veces reciben el aplauso del público.
Los primeros autobuses con atletas salen cuando buena parte de la ciudad aún duerme. En los escenarios deportivos ya esperan quienes preparan los implementos, acondicionan las instalaciones, revisan equipos, coordinan horarios y velan por el cumplimiento de cada detalle.
En la Villa, otros atienden las necesidades de las delegaciones. En el Centro de Prensa, periodistas, fotógrafos, técnicos y personal de apoyo comienzan una nueva jornada para contarle al mundo lo que ocurre en Santo Domingo.
Cada disciplina es el resultado de una cadena de esfuerzos que empieza mucho antes del silbato inicial y termina cuando el último resultado queda registrado.
Es un trabajo silencioso, casi siempre invisible para los espectadores, pero esencial para que atletas, entrenadores y aficionados encuentren un evento organizado y a la altura de una cita que celebra el centenario de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Pero la historia de los padres en este evento también tiene protagonistas dentro de las áreas de competencia. Algunos atletas dominicanos que este domingo salen a defender los colores nacionales lo hacen con una doble responsabilidad: la de buscar una medalla para su país y la de ser ejemplo para sus hijos.
Para ellos, este día transcurre entre entrenamientos, concentraciones y partidos, con la motivación adicional de saber que sus mayores seguidores los esperan en casa.
La historia de la justa deportiva suele escribirse a partir de récords, medallas y campeones. Sin embargo, también se construye con el esfuerzo de quienes permanecen detrás de cada evento para que todo funcione como está previsto.
Cuando esta noche concluyan las pruebas y las luces vuelvan a apagarse en las distintas sedes, los titulares hablarán de nuevos campeones. Pero el éxito del día también habrá llevado la huella de esos progenitores que, desde el anonimato, contribuyen a que Santo Domingo 2026 sea una celebración del deporte y de la integración regional.
Unos padres sostienen los Juegos desde la organización; otros los protagonizan desde la competencia. Ambos forman parte de la misma historia: la de hombres que, en este domingo especial, entregan su esfuerzo al deporte.
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