Cada vez que se elige algo, se renuncia a todo lo demás. Eso que dejas atrás tiene un nombre en economía: costo de oportunidad.
No es un número que aparezca en la cuenta bancaria ni un gasto factible a tocar, pero está presente en cada decisión, desde comprar un café hasta elegir una carrera universitaria.
El costo de oportunidad es, en esencia, el valor de la mejor alternativa a la que se renuncia cuando tomas una decisión.
El economista Gregory Mankiw lo definió así: El coste de oportunidad es el valor del siguiente mejor uso alternativo de un recurso. Es decir, cuando eliges una opción, el costo de oportunidad es el beneficio que podrías haber obtenido si hubieras escogido la otra.
Se piensa como un ejemplo cotidiano. ¿Comprar un café de tres dólares cada día? Puede parecer insignificante, pero si trabajas 20 días al mes, son 60 dólares al mes; 720 dólares al año. En cinco años, tres mil 600 dólares.
Esa es la cifra que podrías haber ahorrado o invertido. El costo de oportunidad de ese café diario no son solo tres dólares, sino todo lo que podrías haber hecho con ese dinero acumulado.
El concepto no se limita al dinero. También aplica al tiempo. Cuando un empleado asiste a una reunión de dos días, el costo de oportunidad incluye el trabajo que no se hizo durante esos días.
Cuando decides estudiar una carrera, el costo de oportunidad incluye el salario que dejaste de ganar mientras estudiabas.
Incluso el costo de las medidas de seguridad en los aeropuertos, calculado por el Departamento de Transporte de los Estados Unidos, incluye no solo el gasto en equipos, sino el valor del tiempo que los pasajeros pierden en las filas de control: unos ocho mil millones de dólares al año.
En el mundo de las inversiones, el costo de oportunidad es la herramienta que ayuda a no tomar decisiones a ciegas.
Si inviertes 10 mil euros en un bono que rinde un tres por ciento anual en lugar de en acciones que podrían rendir siete por ciento, el costo de oportunidad es ese cuatro por ciento de diferencia (unos 400 euros al año) dejados de ganar.
Como señala Deutsche Bank, el costo de oportunidad no se limita a la rentabilidad; también incluye factores como el riesgo, la liquidez o el plazo temporal. Elegir una inversión conservadora puede tener un costo de oportunidad alto en rentabilidad, pero ese costo puede estar justificado si da tranquilidad.
El problema es que los humanos no somos buenos calculando estos costos. Una investigación de la Universidad Estatal de Arizona mostró que cuando se hacía explícito el costo de oportunidad de comprar un video -decir guarda los 15 dólares para otras cosas- la disposición a comprarlo caía del 75 al 55 por ciento. La mayoría de la gente no piensa espontáneamente en lo que está sacrificando. Prefiere comparar precios con precios: ¿Qué son mil 300 dólares más en una casa de 200 mil?. Esa es la trampa: mil 300 dólares no son el 0,65 por ciento de la casa; son mil 300 dólares que podrían haber pagado otras cosas.
En la vida empresarial y en la gestión de un país, el concepto es igual de poderoso.
Un gobierno que gasta en un rubro está renunciando a gastar en otro. Como señaló un columnista de La Hora, el costo de oportunidad de no invertir en salud y educación en Guatemala es Altísimo: una población desnutrida y sin educación no atraerá inversión, y el país se quedará rezagado.
El costo de oportunidad te recuerda que los recursos-dinero, tiempo, energía- siempre son limitados. Cada decisión tiene un Precio invisible: aquello a lo que renuncias. No se trata de obsesionarse, sino de tomar decisiones con los ojos abiertos, sabiendo lo que realmente estás dejando atrás.
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