El diputado Ernesto Zunini consideró un gran gesto de Castillo recordar por sus nombres, uno por uno, a los 41 abatidos en protestas sociales desde 2020 en las regiones de Puno, Ayacucho, Apurímac, Arequipa, Junín, Cusco y La Libertad, en su mayoría en el sur del país.
“Muchos de quienes hoy blindan a los responsables políticos de esos crímenes deben escuchar con atención su mensaje; la justicia y la verdad no pueden olvidarse”, dijo sobre la impunidad de las muertes.
La diputada Indira Huilca –cuyo padre, líder obrero, fue asesinado por un grupo paramilitar durante el gobierno del padre de la ahora presidenta Keiko Fujimori- dijo que las críticas del Cardenal son “un valiente acto de humanidad frente a tanto negacionismo”.
La comentarista política conservadora Rosa María Palacios afirmó que la disertación de Castillo fue “una tremenda homilía”, por exponer la situación catastrófica del país y criticar “falsas reconciliaciones melifluas”, en aparente alusión a la que pide Fujimori.
El periodista Daniel Yovera comparó a Castillo con el cardenal Augusto Vargas, crítico del gobierno de mano dura de Alberto Fujimori (1990-2000), padre de la nueva gobernante peruana.
“Nuestro Dios nos quiere solidarios y justos, no con una reconciliación meliflua y para tapar los males que hemos hecho con besitos y abracitos”, dijo.
Demandó en cambio “una reconciliación que, viendo claramente las injusticias que hemos cometido, sepa hacer justicia y restituir a todos los perjudicados por la catástrofe de estas décadas”.
Castillo se refirió al gran problema de la extorsión masiva y su correlato de sicariato, por diversos grupos que “sacuden nuestra seguridad, imponen la violencia que atraviesa nuestra vida cotidiana y se ejerce desde diversos sectores del poder”.
“En nuestra América Latina, impulsos colonialistas y autoritarios hacen que corramos el riesgo de volver a un pasado que desdice las dos palabras iniciales de nuestro himno: ‘Somos libres’, y el deseo de nuestra responsabilidad: ‘seámoslo siempre’”, aseveró.
Agregó que “en este momento aciago y extremo para el mundo, nuestra América y nuestro pueblo peruano, abandonemos la mezquindad de pensar solo en nuestros desarrollos individuales y del grupo al que pertenezcamos, para procurar el bien común de todos”.
Más adelante, señaló que “estamos en una situación catastrófica; no tanto por los indicadores económicos, sino porque la condición humana y su dignidad están en sumo peligro”.
Se trata, añadió, de “una tragedia humana y social donde los diversos grupos de intereses buscan que prime su ambición de enriquecimiento ilícito y de poder absoluto, tanto que existen ya vigentes dictaduras que se ramifican subrepticiamente”.
Tales oscuridades, dijo, “han infiltrado las instituciones, incluso, la Iglesia, y tienen operatividad desde países llamados ‘desarrollados’, que mediante sistema de control total fundado en la tecnología van arrasando con hermanos nuestros en diversas partes del mundo”.
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