La promesa de las microfinanzas no era eliminar la pobreza con un solo préstamo, sino demostrar que los pobres son sujetos de crédito y que el acceso a servicios financieros puede ayudarles a gestionar sus vidas.
Esta distinción, formulada por el Banco Mundial (BM) a propósito de los 50 años de microfinanzas, es clave para entender su verdadero impacto: pequeños préstamos que permiten a familias vulnerables sortear emergencias, invertir en actividades productivas y evitar las redes de usura.
En México, el modelo de Avanza Sólido muestra cómo el crédito combinado con acompañamiento puede transformar realidades.
En 2025, la institución redujo el índice de pobreza de sus clientas del 48,9 al 34,65 por ciento, una caída de más de 14 puntos porcentuales que le valió el Premio LOGRA 2026 de las Naciones Unidas.
La iniciativa, que atiende a más de 56 mil personas -el 89 por ciento mujeres- combina financiamiento con educación financiera, capacitación digital y acompañamiento para que los recursos tengan un mayor impacto en la consolidación de negocios.
Panamá ofrece otro ejemplo de cómo la articulación público-privada amplía el alcance de las microfinanzas.
Microserfin se incorporó en abril de 2026 al Fondo de Garantías de Panamá, un mecanismo respaldado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que cubre hasta el 50 por ciento del crédito para microempresarios sin garantías tradicionales.
Al cierre de 2025, el 78 por ciento de sus clientes se encontraba en situación de vulnerabilidad, y el 45 de su cartera se dirigió a mujeres y otro 45 a zonas rurales. La institución canalizó más de 9,4 millones de balboas en desembolsos digitales, demostrando que la tecnología puede ser aliada de la inclusión.
El desafío actual no es abandonar las microfinanzas porque no hayan cumplido expectativas desmedidas, sino construir la próxima generación de servicios financieros inclusivos: combinar crédito responsable, ahorro, microseguros, finanzas digitales y educación financiera, aprendiendo tanto de los éxitos como de los fracasos del movimiento, explicaron. La evidencia muestra que el crédito por sí solo no elimina la pobreza, pero forma parte de un ecosistema más amplio de oportunidades, recalcan los analistas.
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