La investigación señaló que siete de los 10 agrotóxicos más vendidos en el gigante sudamericano están vinculados a efectos nocivos para la salud humana y el medio ambiente.
Según la geógrafa Larissa Mies Bombardi, autora del análisis, varias de esas sustancias han sido asociadas por investigaciones científicas con cáncer, malformaciones congénitas, alteraciones hormonales y daños a la biodiversidad.
Mies afirmó que el uso intensivo de esos compuestos también afecta a especies esenciales para el equilibrio de los ecosistemas, como insectos polinizadores, y favorece la contaminación de suelos, ríos y otros recursos hídricos.
Entre los productos más comercializados en Brasil figuran glifosato, mancozeb, 2,4-D, acefato, clorotalonil, atrazina, S-metolacloro, glufosinato de amonio, malatión y dibromuro de diquat, que se utilizan principalmente en cultivos de soja, maíz, algodón y caña de azúcar.
Dicha experta recordó que estudios internacionales registraron una disminución del 41 por ciento de la población mundial de insectos entre 2009 y 2019, mientras que en las mariposas el descenso alcanzó el 53 por ciento.
También citó investigaciones sobre los efectos de la atrazina en anfibios, incluidas alteraciones reproductivas que comprometen la supervivencia de las especies.
Medios de prensa, como agencia Brasil, expusieron que este país figura entre los mayores consumidores mundiales de agrotóxicos, impulsado por la expansión del agronegocio.
En este contexto, especialistas en salud pública y organizaciones ambientalistas defienden el fortalecimiento de los mecanismos de control, la reducción de la dependencia de sustancias químicas y el impulso a modelos de producción agrícola más sostenibles.
Por su lado, representantes del sector agropecuario subrayan que esos insumos son esenciales para mantener la productividad y garantizar la oferta de alimentos, pese a las negativas consecuencias descritas.
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