Santo Domingo, 7 ago (Prensa Latina) Félix Sánchez pasó a la historia como Superman al conquistar dos oros olímpicos en los 400 metros con vallas, pero a su lado existe una mujer cuya fortaleza y espíritu combativo rivalizan con los logros de su legendario marido.
Maria Dimitrova, a quien fácilmente se le puede llamar la Superwoman dominicana, también deja un legado imperecedero en el deporte, en su cao en el karate, donde es la única con seis títulos consecutivos en la kata individual, que no perdió desde la edición de Cartagena de Indias 2006.
A sus 40 años la deportista de origen búlgaro decidió retirarse, pero se va con una enorme alegría, como confesó en exclusiva con Prensa Latina.
“Este evento no tiene precio para mí, porque la oportunidad de competir frente a mi gente y mi familia es un gran honor, sobre todo si puedo hacer el trabajo en el que estuve esforzándome todo el año anterior, es un sueño hecho realidad”.
La Superwoman dominicana no solo combate dentro del ring, sino también contra las adversidades sociales que enfrentan muchas mujeres en el país, y su historia es un testimonio de que el coraje no siempre se mide en medallas o trofeos, sino en la capacidad de inspirar a otros a levantarse tras cada caída.
“La clave es la constancia, tener un objetivo claro. He convivido prácticamente con cuatro generaciones y siempre me encuentro con atletas diferentes en cada edición”.
En vez de complejizar sus rutinas, asegura que intenta entender mejor los movimientos, porque las jóvenes son más rápidas, más explosivas, porque su cuerpo se los permite, pero con los años se aprende a controlar mejor las técnicas y eso también los árbitros lo evalúan.
“Ha sido un reto porque mis compañeras de equipo son mis alumnas, una tiene 17 años y la otra 21, sumadas las dos no llegan a mi edad, que es 40. Empezamos a trabajar como equipo en septiembre, y con mucho esfuerzo logramos el oro centroamericano”.
Tuvo que tomar una decisión a los 17 años entre el deporte y los medios de comunicación porque tenía una propuesta de trabajo en Europa, pero escogió lo que le apasionaba porque además le gustan los retos, sentir que está creciendo, que debe superarse, y eso es algo que el kárate le aportaba y no lo veía tan claro en la comunicación, según nos confesó.
En esa época era muy poco común la práctica del kárate, más aún en mujeres, pero le llegó por su papá, que practicaba artes marciales y lo hizo como afición hasta los 17 años, cuando conoció el mundo de la competencia oficial.
Ahora que va a tener más tiempo para otras cosas no cierra ninguna puerta y podría volver a los medios de comunicación, o seguir como entrenadora.
Dimitrova no necesita capa ni superpoderes fantásticos, su arma secreta es la voluntad, su campo de batalla el gimnasio, y su mayor triunfo la familia construida junto a su esposo, de la que pudiera salir un digno heredero.
“Ayden, el pequeño de cuatro años, es deportista nato, no le importa cuál, ya veremos hacia donde se inclina porque también es muy competitivo”.
Por si acaso, preparémonos para la saga.
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