Para algunos observadores, el valor de este nuevo encuentro podría evaluarse a partir de la capacidad de Washington y Beijing para transformar una relación marcada por la competencia y épocas de tensiones en una rivalidad que pueda gestionarse mediante el diálogo a largo plazo.
Trump destacó nuevos avances comerciales entre Estados Unidos y China y afirmó que él y Xi “han logrado enormes avances en los asuntos que enfrentan nuestros dos países”. Mientras el dignatario visitante subrayó que su estancia aquí tiene como objetivo promover la amistad y ampliar la cooperación mutua.
Precisamente, durante la cena de Estado que se le tributó la víspera en la Casa Blanca, Xi expresó que “al igual que un río que nunca deja de fluir, la historia nunca se detiene”. “Cultivemos juntos las hermosas flores de la amistad sino-estadounidense. Escribamos juntos un nuevo capítulo en nuestras relaciones amistosas”, acotó.
“China y Estados Unidos deben actuar como grandes potencias responsables, satisfacer las expectativas de nuestros pueblos, seguir el ritmo de las tendencias de nuestra época y explorar un nuevo enfoque para la convivencia entre grandes potencias”, añadió.
La aproximación entre Trump y Xi no significa que hayan desaparecido las diferencias entre ambos gobiernos. Por el contrario, las dos potencias continúan compitiendo por influencia económica, tecnológica y estratégica.
Sin embargo, es un buen paso que desde las dos aceras reconozcan la necesidad de mantener abiertos los canales de comunicación para reducir cualquier riesgo de una escalada.
Si el comercio fue uno de los grandes escenarios de la rivalidad entre Estados Unidos y China durante los últimos años, la inteligencia artificial (IA) representa ahora uno de los campos más sensibles.
El componente ceremonial de la visita con alfombra roja incluida y todas las pompas, deja algunas lecturas. Resulta interesante -y contrastante- esa imagen pública de cordialidad frente a una relación en la que continúan existiendo importantes diferendos.
La diplomacia puede suavizar el lenguaje, abrir esos puentes de comunicación, pero no elimina automáticamente la desconfianza y las diferencias que han convertido la relación entre Estados Unidos y China en uno de los principales ejes de la política internacional, reseñan opiniones en medios de prensa.
Según había anticipado el vocero de la Cancillería china, Guo Jiakun, el hecho de que ambos jefes de Estado realicen visitas mutuas en un margen de medio año entraña un significado histórico para la estabilidad global.
La última visita de Estado de Xi Jinping a territorio estadounidense fue durante la administración de Barack Obama (2009-2017), pero viajó a Estados Unidos en 2023 para la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), celebrada en San Francisco, California.
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