Australiana asegura curar el cáncer: en Egipto no la creen

El Cairo, 9 ago (Prensa Latina) La súbdita australiana Barbra O’Neill, llegada a Egipto no se sabe cuándo ni cómo aunque sí para qué, tiene prohibido desde hoy aparecer en los medios de comunicación masiva para promover su tratamiento de curación del cáncer y otras dolencias.

Hasta el presente desconocida en los medios científicos de su país, la señora O´Neill y que se presenta como “naturópata”, es posible que decidiera darle casi la vuelta al mundo para llegar a este país donde hace miles de años se practicaban exitosas trepanaciones craneales, inventaron la cerveza muy gustada en su país y en el resto del planeta y por si fuera poco, construyeron las pirámides.

Tal vez pensó, nadie sabe qué pasó por su cabeza, que visitaba las pirámides y otros monumentos erigidos cuando sus antecesores aún vivían en cuevas y, de paso, hacía negocio, que nunca viene mal.

La primera reacción de las autoridades por las alegaciones de la visitante, a saber que la lactancia materna debe sustituirse por leche animal, niega el valor preventivo de la vacunación y duda de la eficacia de los antibióticos.

Pero la joya de su corona es que afirma curar todos los tipos de cáncer, que, dice a quienes quieran escucharla, que son producto de un hongo, y es curable con un tratamiento basado en bicarbonato de sodio y una dieta vegetariana.

Llegadas a este punto las autoridades pertinentes egipcias investigaron las calificaciones facultativas del personaje y encontraron que carece de ellas y a pesar de ello construyó una amplia red de seguidores a través de sus prédicas en las redes sociales basadas en teorías desacreditadas por la ciencia en particular la medicina, y cortaron por lo sano -nunca mejor dicho- con la prohibición de promover sus teorías en los medios sociales.

Sin embargo, diría un abogado del diablo, a lo largo de los siglos abundaron los genios incomprendidos y no debe descartarse a priori que O´Neill haya probado con éxito sus métodos en suelo australiano, tomando como pacientes a canguros, koalas y uno que otro cocodrilo dócil, aunque en el camino algunos hayan muerto sacrificados en el altar de la ciencia.

Porque, añaden sus defensores, no existen quejas por los probables fracasos en el camino hacia la verdad pero los incrédulos recuerdan que ninguno hablaba inglés antes de caer en las manos de la científica improvisada.

ool/msl

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