Alertan sobre potenciales impactos nocivos de El Niño en Colombia

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Bogotá, 14 ago (Prensa Latina) Existe una probabilidad del 69 por ciento de que el fenómeno El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026, lo cual superaría impactos anteriores de este mismo evento, alertó hoy una entidad de Colombia.

Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), los modelos dinámicos y estadísticos de predicción climática coinciden en proyectar la persistencia del fenómeno en lo que resta de año, con probabilidades superiores al 90 por ciento de que las condiciones se mantengan por lo menos hasta inicios del año 2027.

De igual manera, abundó, los pronósticos indican una probabilidad superior al 70 por ciento de que las anomalías de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 superen el umbral de los dos grados Celsius, lo que ubicaría al evento dentro de la categoría de muy fuerte entre septiembre de 2026 y febrero de 2027.

El Ideam alertó que el referido escenario requiere un seguimiento permanente de las condiciones hidrometeorológicas del país, así como el fortalecimiento de las acciones de preparación y gestión del riesgo por parte de las autoridades nacionales y territoriales.

Esto, según argumentó, debido a que un evento El Niño de intensidad fuerte o muy fuerte puede generar alteraciones significativas en los patrones de precipitación, incrementos de temperatura del aire, reducción de caudales en algunas regiones y una mayor probabilidad de ocurrencia de incendios de la cobertura vegetal.

Los análisis del organismo indican que, de mantenerse la evolución prevista por los modelos climáticos internacionales, podrían presentarse aumentos de la temperatura del aire por encima de los valores climatológicos normales en diferentes regiones del país (Pacífica, Andina y Caribe, principalmente), y también reducción de las precipitaciones.

Remarcó que estas condiciones favorecen una mayor evapotranspiración, incrementan la demanda hídrica de los ecosistemas y sectores productivos, y pueden contribuir al desarrollo de episodios de estrés hídrico, especialmente en zonas con alta vulnerabilidad o con antecedentes de déficit de precipitación.

Asimismo, sostuvo que la disminución de las lluvias y el aumento de las temperaturas generarían una reducción progresiva en los caudales de ríos y quebradas, menores niveles en embalses, afectaciones en la disponibilidad del recurso hídrico para consumo humano, actividades agropecuarias y generación hidroeléctrica.

mem/ifs

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