El problema incide de manera negativa especialmente en comunidades vulnerables y tradicionales, entre ellas de agricultores, pueblos indígenas y quilombolas (descendientes de personas negras esclavizadas), indicó una fuente especializada.
Alrededor del 18 por ciento del territorio nacional está compuesto por Áreas Susceptibles a la Desertificación, mientras la superficie afectada aumentó de 1,35 millones a 1,51 millones de kilómetros cuadrados de 2000 a 2020, agregó agencia Brasil.
Los daños se concentran principalmente en los nueve estados del Nordeste, aunque también alcanzan zonas de Minas Gerais, Espírito Santo, Río de Janeiro y Mato Grosso del Sur.
Provocada por actividades como la deforestación y prácticas agrícolas inadecuadas, además de variaciones climáticas, la degradación repercute en la producción de alimentos, el acceso al agua, la economía y el aumento del calor.
Según la fuente, la Caatinga, bioma predominante del semiárido brasileño, presenta los niveles más graves de deterioro del suelo.
Un 11 por ciento de su superficie, precisó, se encuentra en situación crítica o severa, equivalente a unos 100 mil kilómetros cuadrados, mientras un 42,6 por ciento de su vegetación nativa ha sido eliminada.
Sin embargo, especialistas destacan la capacidad de la Caatinga para contribuir al equilibrio climático, y manifestaron que en 2022, el bioma respondió por cerca de la mitad del secuestro neto de carbono de Brasil y almacena buena parte en sus suelos.
Frente al problema, el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva creó en marzo pasado el Plan de Acción Brasileño de Combate a la Desertificación y Mitigación de los Efectos de la Sequía 2025-2043.
La estrategia articula acciones ambientales y sociales, acceso al agua, infraestructura, educación, salud e inclusión productiva.
También, en junio último comenzó el programa Recaatingar, que prevé recuperar productivamente 10 millones de hectáreas degradadas de la Caatinga durante los próximos 20 años.
Por otra parte, organizaciones de la sociedad civil impulsan soluciones como cisternas, pequeñas represas, semillas adaptadas y prácticas agroecológicas.
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