De acuerdo con la más reciente Encuesta de Mercado Laboral del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), la tasa de desocupación entre los jóvenes de 15 a 29 años alcanza 19,9 por ciento, casi el doble del promedio nacional de 10,4 por ciento.
La situación coincide con las advertencias de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cuyo informe «Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026: Regreso al futuro» señala que el desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años llegó a 12,4 por ciento en 2025, equivalente a unos 67 millones de personas.
La OIT atribuye el deterioro, entre otros factores, a la desaceleración económica, la débil creación de puestos de trabajo, las tensiones geopolíticas y los cambios tecnológicos, mientras advierte que muchos jóvenes terminan en empleos informales y precarios por la imposibilidad de permanecer desempleados durante largos períodos.
En Panamá, el consultor laboral Luis Eduardo Valle consideró que el problema tiene raíces estructurales vinculadas con la preparación de los jóvenes, los costos de contratación y una legislación laboral desactualizada.
También señaló un desajuste entre la formación académica y las necesidades del mercado, pues las carreras de docencia, administración y derecho concentran 51 por ciento de los titulados, mientras las áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) representan apenas 18 por ciento.
El especialista alertó además sobre la pérdida de empleos en sectores como la construcción y las dificultades adicionales que enfrentan las mujeres jóvenes debido a las responsabilidades de cuidado.
El Gobierno ha impulsado programas como Mi Primer Empleo, Mi Primer Empleo Agro y Panamá Pa’ Ti para facilitar la capacitación, las pasantías y el acceso de los jóvenes al trabajo.
Sin embargo, Valle cuestionó su alcance frente a la magnitud del desempleo: en 2025 Mi Primer Empleo capacitó a seis mil 360 jóvenes y colocó a mil 424, mientras las cinco mil pasantías previstas para 2026 cubrirían apenas una fracción de los jóvenes desempleados.
La OIT y especialistas coinciden en que el desafío no consiste solamente en reducir el número de desempleados, sino en garantizar empleos formales, estables y con protección social.
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