El reconocido creador, quien murió el pasado 15 de agosto, “deja tras de sí más de sesenta años de creación, investigación y trabajo comunitario, una obra reconocida mucho más allá de Haití”, añade un artículo del veterano periodista Claudel Victor.
Vilaire, también artista visual, escritor y coleccionista, fallecido un mes antes de cumplir sus ochenta y cinco años, “fue uno de los artistas más influyentes de su generación”, subrayó el comentarista.
Durante seis décadas –refiere- este creador nacido en Puerto Príncipe el 16 de septiembre de 1941, se dedicó, de forma simultánea, a la creación artística, la investigación, el patrimonio cultural y el trabajo comunitario.
Ingeniero de formación –recuerda el artículo- Vilaire cursó estudios en sitios académicos relevantes, como los de dibujo entre 1955 y 1958 en la Galería Ramponeau, y, luego, en el Centro de Cerámica Haitiana, entre 1956 y 1959.
Por otro lado, se especializó en cerámica histórica en el Instituto Nacional de Cultura de Panamá y, posteriormente, en 1986, se formó en energías renovables —solar, eólica y cinética— en la Agencia Francesa de Gestión Energética de Niza.
Su obra escultórica explora temas como la muerte, la memoria, el poder y la opresión, mientras obras como “Bawon Samdi”, “La mesa del diálogo con la muerte”, “El sepulturero” y “La obsesión con el poder supremo” se inspiran en la cultura popular y el vudú.
Otra de sus series, realizadas en hierro y cerámica, fue “La celda”, que aborda el confinamiento y la restricción, y ofrece una perspectiva crítica sobre los años de dictadura.
La docencia, por su parte, desempeñó un papel importante en la vida del artista, como profesor de arte en la Escuela Sainte-Trinité de Puerto Príncipe, y en el Centro Artístico y Cultural Poto Mitan, que dirigió junto a Wilfrid Austin.
Vilaire participó en 1959 en un intercambio cultural en Ginebra, bajo los auspicios de la Academia Internacional de Cerámica, de la que fue admitido como miembro en 1964.
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