Ese organismo de la ONU presentó aquí su informe sobre la economía regional, donde señala que el área crecerá en 2026 un promedio de 2,2 por ciento, por debajo de los 2,4 puntos registrados en 2025.
Apenas en el año próximo habría una recuperación parcial de 2,5 y, de confirmarse estas proyecciones, se completaría un lustro con un promedio cercano a 2,3 puntos porcentuales.
Esta tasa, señaló la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), es insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante y cerrar las brechas de desarrollo.
José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Comisión, dijo que en este sentido la región no escapa a los efectos negativos sufridos por la economía global.
“Creíamos que el mundo había podido manejar el choque arancelario y se esperaba que la actividad se aceleraría durante 2026, sin embargo, a finales de febrero comenzaron las hostilidades en Oriente Medio y se cerró el estrecho de Ormuz”, afirmó.
Todo esto, dijo, llevó a la mayor interrupción del suministro de petróleo en la historia y a un fuerte incremento de su precio, con un impacto global que llevó a bajar las expectativas de crecimiento, un problema ante el cual América Latina y el Caribe no fueron inmunes.
Aparte de los factores externos, la principal limitación al desarrollo regional tiene carácter estructural por los bajos niveles de inversión, escaso aumento de la productividad, poco dinamismo de generación de empleo y una elevada y persistente informalidad laboral.
Además, dijo Salazar-Xirinachs, necesitamos avanzar hacia una formalización productiva que fortalezca las capacidades de las personas y las empresas, amplíe la protección social y genere puestos de trabajo de calidad.
Por otra parte, si bien la Cepal proyecta un crecimiento en América Latina y el Caribe de 2,2 y 2,5 por ciento este año y el próximo, respectivamente, a nivel subregional hay importantes disparidades.
América del Sur aumentará su Producto Interno Bruto (PIB) en 2,5 puntos tanto en 2026 como en 2027; Centroamérica tendrá 4,0 y 4,2, respectivamente, y el Caribe, incluida Guyana, tendrá de 5,6 y 7,9.
Si se excluye ese país impulsado por la bonanza petrolera, el promedio en esa zona estará en 1,1 y 2,2 por ciento.
La segunda parte del Estudio Económico 2026 analiza el problema de la informalidad, no sólo como un asunto laboral o de protección social, sino también en términos de una restricción estructural que impide transformar el crecimiento en aumento de productividad y empleo de calidad.
La informalidad, asegura la Cepal, es al mismo tiempo una consecuencia del bajo crecimiento y un mecanismo que perpetúa la trampa de poca capacidad para crecer.
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