Un futuro mejor “nace no solo de las obras de construcción, sino sobre todo de las personas, de la solidaridad y de la esperanza compartida”, subrayó el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) en misa celebrada en el recinto SAE de Pescara del Tronto, en Arquata.
El clérigo Matteo Maria Zuppi recordó a las 299 personas que perdieron la vida a causa del sismo del 24 de agosto de 2016, que azotó con mayor fuerza a Amatrice, donde entre 237 y 239 personas perdieron la vida, convirtiendo al municipio de Rieti en un símbolo de la tragedia.
En Arquata del Tronto, en la provincia de Ascoli Piceno, las víctimas fueron 51, mientras que en Accumoli, también en la provincia de Rieti, fallecieron 11 personas.
El cardenal hizo un llamado tanto espiritual como cívico: basta de promesas, es hora de responsabilidad compartida y verdadera reconstrucción, señaló el diario Faro di Roma.
“Aquella noche marcó un antes y un después. Pero la historia continúa”, dijo en su homilía, rememorando los testimonios de quienes vivieron los sucesos, a la vez que no ocultó el peso de los 10 años de espera y la reconstrucción inconclusa.
“Sabemos que el tiempo perdido y las preguntas sin respuesta tienen consecuencias”, manifestó, mientras recordó a los ancianos y ancianas que esperaban volver a ver sus hogares antes de morir y a los muchos jóvenes obligados a marcharse porque no pudieron esperar más.
“No promesas, sino trabajo, de todos, cada uno en su rol y responsabilidades, con la fuerza de esa solidaridad que tanto consuelo brindó en aquellos días terribles”, significó el cardenal Zuppi, para quien solo llamando a las dificultades por su nombre se pueden transformar en una nueva capacidad de construcción.
El presidente de la CEI llamó la atención sobre la despoblación que afecta a las zonas del interior del país y comparó el envejecimiento y el abandono de los pequeños poblados con un “terremoto silencioso sin derrumbes traumáticos”, capaz, sin embargo, de vaciar lentamente territorios y comunidades.
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