En un debate del Consejo de Seguridad sobre conflicto y hambre, el director interino del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Carl Skau, afirmó que en conjunto, las crisis apuntan a una peligrosa evolución en la relación entre la guerra y el hambre.
Los propios sistemas alimentarios (granjas, puertos, mercados, instalaciones de almacenamiento y rutas marítimas) están siendo cada vez más afectados por conflictos cuyas consecuencias económicas se extienden mucho más allá del campo de batalla.
«Los sistemas alimentarios críticos, y las vidas y medios de vida que sustentan, están bajo ataque», declaró el secretario general de la ONU, António Guterres, en la apertura del debate.
Por primera vez en este siglo, se confirmó la hambruna simultáneamente en dos lugares: Sudán y Gaza.
El conflicto y la violencia son los principales impulsores del hambre en 12 de los 13 puntos críticos considerados de mayor preocupación por las Naciones Unidas.
Cada vez más, un ataque con misiles a un puerto o a un buque de carga puede hacer subir el precio de los alimentos a miles de kilómetros de distancia.
El Mar Negro es un ejemplo, pues Rusia y Ucrania son importantes exportadores de cereales, y la escalada de los ataques ha interrumpido una arteria crucial del comercio mundial de alimentos.
Los envíos de cereales a través del Bósforo disminuyeron 40 por ciento en comparación con el año anterior, según el PMA.
Al mismo tiempo, los ataques a buques comerciales perturban el comercio a través del Mar Rojo y el estrecho de Ormuz, que transporta una quinta parte del suministro mundial de petróleo y un tercio del comercio de fertilizantes, es afectado por restricciones y cierres que hacen subir los precios de los productos básicos.
Skau describió la convergencia como una crisis de tres puntos de estrangulamiento marítimo: el Mar Negro, el Mar Rojo y el estrecho de Ormuz.
Las perturbaciones allí viajan a través de los mercados interconectados de energía, fertilizantes y alimentos, convirtiendo las guerras lejanas en mayores costos para los países que dependen en gran medida de las importaciones.
El alza de los precios del combustible tiene efectos en cadena en el riego, el transporte y la molienda, mientras que las perturbaciones en las exportaciones de fertilizantes amenazan las temporadas de siembra en África y Asia.
Ello significa que las consecuencias totales de los conflictos actuales pueden no ser visibles hasta las futuras cosechas.
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