En declaraciones al medio local Népszava, Boka admitió que existen «atisbos de verdad» en las críticas sobre un cierto retroceso en principios democráticos durante la anterior administración y aseguró que su formación está lista para colaborar con el Ejecutivo entrante en esa materia.
Eso no es lo mismo que decir que Fidesz sea responsable de ese retroceso, matizó el dirigente opositor, quien precisó que apoya los pasos dados por Magyar para recuperar las facultades del Tribunal Constitucional, aunque arremetió contra la formación gobernante Tisza por supuestos excesos.
Boka acusó al partido en el poder de abusar de sus atribuciones, traspasar límites constitucionales y desplegar una propaganda de odio extremadamente agresiva, al tiempo que cuestionó la decisión del nuevo Gabinete de reemplazar al presidente de la República.
Desde que asumió el cargo tras los comicios legislativos del 12 de abril, el gobierno de Magyar denunció que entidades vinculadas a Fidesz, como el Colegio Corvinus y la fundación Planeta Azul, recibieron financiación estatal desproporcionada y manejaron cuantiosos bienes públicos.
Por su parte, Fidesz, ahora en la oposición tras su derrota electoral, sostiene que las actuales autoridades orquestan una campaña sistemática para desmantelar a sus adversarios políticos y eliminar a sus principales contendientes en el escenario nacional.
Analistas políticos en Budapest consideran que el ofrecimiento de Boka abre una vía de diálogo inédita en la polarizada vida política húngara, aunque advierten que las desconfianzas mutuas y los señalamientos cruzados dificultan una cooperación estable.
Especialistas subrayan que el nuevo escenario obliga a ambas fuerzas a redefinir sus roles, en un contexto donde la recuperación de las instituciones y el respeto al Estado de derecho se convirtieron en ejes del debate público y de la relación con la Unión Europea.
La declaración del jefe de la bancada de Fidesz llega en medio de las primeras medidas del Gobierno de Magyar para revisar contratos públicos y fondos asignados a fundaciones cercanas al anterior partido gobernante, en un clima de tensión política creciente.
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