Según un análisis del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, difundidos en la prensa local, hay 3,1 millones de hectáreas productivas que presentan vulnerabilidad media o alta frente a inundaciones y deslizamientos.
De ese total, se espera que hasta dos millones de hectáreas de cultivos puedan sufrir daños severos o pérdidas totales.
Las autoridades identificaron al arroz, banano, cacao, maíz y los pastos entre los productos con mayor exposición a los posibles efectos del fenómeno climático.
Las provincias de Guayas, Los Ríos, El Oro, Manabí y Esmeraldas concentran los principales riesgos en la región costera ecuatoriana, debido a la posibilidad de lluvias intensas, inundaciones, desbordamientos de ríos y deslizamientos.
En Guayas, por ejemplo, una de las mayores preocupaciones se relaciona con la producción de arroz y maíz, mientras en Los Ríos el eventual incremento de los caudales y desbordamiento de ríos podría afectar las zonas bananeras. Las afectaciones no se limitarían a las plantaciones, pues las lluvias y las inundaciones podrían provocar daños en caminos, sistemas de drenaje y otra infraestructura necesaria para la actividad agrícola.
Mientras tanto, los escenarios para las provincias de Pichincha, Cotopaxi, Chimborazo, Azuay y Loja contemplan posibles déficits hídricos, sequías y alteraciones de los ciclos de lluvia, con consecuencias para los cultivos y la ganadería.
La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos declaró el pasado 29 de agosto la alerta roja en todo el territorio nacional.
El Gobierno prevé que el fenómeno pueda tener una intensidad extraordinaria a finales de este año o principios de 2027 y ha anunciado medidas para fortalecer las capacidades de prevención y respuesta.
En ese contexto, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas estima que las alteraciones climáticas podrían provocar dificultades de acceso a los alimentos para 16 millones de personas adicionales en América Latina.
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