Rybakina, de 27 años, se impuso 6-4, 5-7 y 6-2 en la pista central Arthur Ashe y levantó por primera vez el trofeo neoyorquino, el tercer grande de su carrera después de Wimbledon 2022 y el Abierto de Australia de este año, precisamente frente a Sabalenka.
La campeona desplegó 12 tantos por directo y encontró la llave en los momentos decisivos para convertir tres de sus 12 oportunidades de ruptura, mientras su rival peleaba por sostener el imperio construido durante las dos últimas ediciones del torneo.
El duelo tuvo el peso de una final y la electricidad de una rivalidad que ha crecido hasta convertirse en una de las grandes del tenis femenino, con 18 enfrentamientos oficiales entre ambas y un historial aún favorable a Sabalenka.
La belarusa, de 28 años, llegó a la definición con una racha de 19 victorias consecutivas en Flushing Meadows y el sueño de convertirse en la primera mujer desde Serena Williams en 2014 en encadenar tres coronas en Nueva York.
Pero enfrente encontró a una Rybakina que ya había derribado varias fronteras durante esta temporada y que llegó a la final impulsada por una remontada ante la estadounidense Coco Gauff, vencida 3-6, 6-4 y 6-4 en semifinales.
La kazaja había asegurado además durante el torneo el número uno mundial, condición que la convertirá oficialmente el lunes en la primera tenista de Kazajistán, hombre o mujer, en ocupar la cima del ranking de la WTA.
Así, Nueva York terminó de dibujar el año más brillante de Rybakina, iniciado con la corona del Abierto de Australia y prolongado hasta la cima del tenis mundial, antes de encontrar en Flushing Meadows el escenario perfecto para cerrar el círculo con otro título mayor.
Sabalenka, que buscaba completar una trilogía histórica volvió a quedar frente al mismo muro que la había detenido en Melbourne, aunque esta vez la derrota tuvo un peso todavía mayor porque también cedió el trono mundial que había ocupado durante un largo reinado.
La Arthur Ashe fue entonces testigo del relevo: una campeona defendía su territorio con todo el estruendo de su poder, mientras otra escribía con serenidad el capítulo más grande de su historia, hasta que el último golpe convirtió el sueño kazajo en realidad.
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