Según datos de ONU Turismo, Francia, España y Tailandia registraron niveles de ocupación hotelera superiores al 85 por ciento en la primera mitad de 2026, con aeropuertos desbordados y ciudades como Venecia, Barcelona y Bangkok implementando sistemas de peaje urbano y cupos diarios de acceso.
La “turismofobia” resurge con fuerza en barrios residenciales de Lisboa, Ámsterdam y Kioto, donde los residentes protagonizan protestas callejeras en las últimas semanas.
“Ya no se trata de atraer más visitantes, sino de gestionar la masificación”, señala el informe de ONU Turismo, que advierte que el debate ya no es cuántos turistas recibir, sino cómo hacerlo de forma sostenible.
Los expertos apuntan a que el nuevo viajero pos-pandemia es más consciente de la salud y el cambio climático, y exige experiencias que no dañen los destinos.
Gobiernos, cadenas hoteleras y comunidades locales negocian contrarreloj un modelo que deje de ser parte del problema climático y social para convertirse en herramienta de desarrollo justo.
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