Mientras los megabarcos son rechazados en puertos como Marsella y Key West por su impacto ambiental y turístico, los cruceros de exploración con menos de 200 pasajeros se duplican en destinos como la Antártida y el archipiélago de Svalbard.
Esta tendencia refleja un cambio en las preferencias de los viajeros más acomodados, que buscan experiencias exclusivas y de bajo impacto en lugar de las multitudes de los cruceros tradicionales.
Sin embargo, los expertos advierten que incluso los cruceros de expedición generan nuevas presiones ambientales en ecosistemas frágiles que hasta hace poco estaban fuera del alcance del turismo masivo.
“La industria vive un renacer polarizado”, señalan los analistas de ONU Turismo, que observan cómo las navieras están diversificando sus propuestas para atender a segmentos con expectativas cada vez más divergentes.
El debate sobre la sostenibilidad del sector se intensifica a medida que crece la conciencia climática entre los viajeros.
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