Según la comunicación, la primera especie es la puggolovochka caspia (Benthophiloides caspicus), y la segunda el gobio-zuziaco escita (Proterorhinus scythicus).
El estudio fue realizado por especialistas de instituciones científicas rusas durante varias expediciones entre 2021 y 2025 y contó con el apoyo de una subvención de la Fundación Rusa para la Ciencia.
Para identificar las especies, los científicos combinaron análisis genéticos y morfológicos. El estudio del gen COI, utilizado como «código de barras» genético, confirmó que los ejemplares pertenecían a líneas evolutivas independientes.
La puggolovochka caspia fue hallada en el este del Caspio, frente a Kazajstán. El ejemplar fue recuperado de la boca de una culebra de agua que lo había capturado. La especie es extremadamente rara y actualmente solo se conocen dos ejemplares. Sus características genéticas reflejan una larga historia evolutiva de los góbidos en el Caspio.
El gobio-zuziaco escita fue encontrado en el delta del Volga y en el río Mánich Oriental, en Kalmukia. Los análisis mostraron una mayor proximidad evolutiva con los góbidos de la cuenca del mar Negro que con los del Caspio. Los investigadores relacionan este patrón con una antigua conexión entre ambos mares, que existió hace unos 2,1 millones de años.
«La evaluación precisa de la diversidad de especies es una condición necesaria para una protección eficaz de la naturaleza, especialmente en un contexto de rápidos cambios climáticos y creciente presión humana sobre los ecosistemas», señaló el responsable del proyecto, Borís Liovin.
Los científicos esperan que nuevos estudios de los mares Negro, Azov y Caspio permitan descubrir otras especies y comprender mejor la evolución de sus ecosistemas.
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