Los desiertos se han convertido en destinos de moda para quienes buscan desconexión.
Desde el Sáhara hasta Atacama, el turismo de desierto crece. «El silencio es el mayor lujo», afirma el guía saharaui Mohamed Salem.
Según ONU Turismo, el viaje de aventura en zonas áridas aumentó un 18 por ciento en la última década.
«No es un viaje cómodo, pero es transformador», añade Salem. Las noches estrelladas, las dunas y la cultura nómada atraen a viajeros de perfil diverso. Los expertos recomiendan respetar las comunidades locales y evitar la masificación.
Inmenso y hostil, el desierto ofrece una experiencia introspectiva.
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