Durante la apertura del evento, celebrado en Roma, declaró en un videomensaje que las dificultades alimentarias cubanas no responden solamente a factores ambientales o dinámicas de mercado, sino también a más de seis décadas de bloqueo económico, comercial y financiero.
Además, advirtió que «los conflictos armados, la crisis climática y las turbulencias económicas afectan especialmente a los países en desarrollo, donde más de 640 millones de personas padecen hambre extrema».
El mandatario señaló además que las restricciones limitan el acceso de la isla a mercados internacionales, financiamiento, tecnología, insumos agrícolas y combustibles; y cuestionó el recrudecimiento de las medidas adoptadas por la administración Trump desde inicios de 2026, asegurando que afectan las distintas etapas de la cadena agroalimentaria, desde la siembra y el procesamiento hasta el transporte y la distribución.
Frente a estas adversidades el gobierno cubano ha optado por reducir la dependencia de insumos externos y mejorar la capacidad de respuesta del sistema agroalimentario. La isla ha impulsado en los últimos tiempos una estrategia basada en la descentralización territorial, la innovación científica, el uso de energías renovables y el fortalecimiento de la producción nacional.
Díaz-Canel agradeció la cooperación de la FAO, que movilizó cerca de 100 millones de dólares en recursos, asistencia técnica y capacitación para sectores productivos de Cuba. Asimismo, anunció la «incorporación del país a la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza, con dos planes orientados a proteger a los sectores más vulnerables».
De igual forma la nación caribeña presentó dos proyectos destinados a fortalecer las cadenas productivas del café y la miel, con énfasis en el empleo rural, la sostenibilidad ambiental y las exportaciones.
«Realizamos un llamado a reforzar la cooperación internacional y defender la alimentación como un derecho humano», agregó.
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