Convocado por la FAO en su sede central en Roma, el evento que celebró este viernes el Día Mundial de la Alimentación, sesionó bajo el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, con la participación de representantes gubernamentales, investigadores, productores, inversionistas, jóvenes y comunidades indígenas de todas las regiones.
El programa de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación vinculó la transformación de los sistemas agroalimentarios con la seguridad alimentaria y el desarrollo rural.
El telón de fondo es alarmante: unos 673 millones de personas en el mundo sufren por el hambre y alrededor de dos mil 600 millones no pueden permitirse una dieta saludable, reiteró en más de una ocasión en el WFF el director general de la FAO, Qu Dongyun.
A esa realidad se suman los fenómenos climáticos extremos, la presión sobre la biodiversidad, el Cambio Climático, las guerras y las desigualdades que dificultan el acceso a los alimentos. Entre los principales resultados del evento estuvo la presentación de oportunidades de inversión agroalimentaria por un valor récord de 20 mil 160 millones de dólares, propuestas por 38 países y cinco iniciativas regionales en el Foro de Inversión de la iniciativa Mano de la mano.
Los proyectos abarcan cultivos básicos, ganadería, pesca y productos de mayor valor comercial, y aspiran a mejorar la productividad, los ingresos rurales y la capacidad de resistencia de las comunidades vulnerables.
La región de América Latina y el Caribe presentó oportunidades por dos mil 292 millones de dólares, mediante propuestas de nueve países y dos iniciativas subregionales.
Cuba expuso proyectos vinculados con las cadenas productivas del café y la miel, orientados a modernizar procesos, mejorar la trazabilidad y ampliar el acceso a mercados internacionales.
La ciencia y la innovación ocuparon otro espacio central durante la cita. En los debates se examinaron herramientas como la inteligencia artificial, la teledetección, la robótica y la biotecnología, junto con los conocimientos locales y tradicionales.
El desafío, insistieron los participantes, consiste en lograr que esos avances lleguen también a los pequeños productores y a las comunidades con menos recursos, en lugar de ampliar las brechas tecnológicas existentes.
La disponibilidad de agua y su distribución equitativa figuraron entre las principales inquietudes del encuentro. En el Diálogo de Roma sobre el Agua, el director general de la FAO defendió su uso más eficiente y medidas para prevenir los efectos de sequías e inundaciones.
La organización presentó además una plataforma digital destinada a orientar las inversiones en riego según las necesidades agrícolas y la sostenibilidad de los recursos hídricos.
En este contexto, la FAO reconoció a 100 agricultoras por sus contribuciones a los sistemas agroalimentarios en el Día Internacional de las Mujeres Rurales.
Entre ellas a la cubana Magalys Pedrero Basulto, vinculada durante décadas a la agricultura urbana en Camagüey, ejemplo del papel de las productoras en el abastecimiento comunitario.
Al cierre, el Foro dejó planteada una cuestión decisiva: cómo transformar las propuestas de inversión, las innovaciones científicas y los compromisos internacionales en mejoras verificables para quienes producen y consumen alimentos.
La magnitud de los recursos anunciados contrasta con la persistencia del hambre y refuerza la necesidad de que el financiamiento llegue al terreno, beneficie a las poblaciones más vulnerables y contribuya a sistemas alimentarios sostenibles y resilientes.
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