Es un delicioso pretexto que reúne 128 obras entre cuadros, dibujos, esculturas y vídeos procedentes de museos e instituciones europeos y norteamericanos, exhibidos al público desde este 20 de octubre hasta el 24 de enero de 2027.
La fascinación de Dalí por los escritos de Sigmund Freud y el célebre encuentro entre ambos en 1938, constituyen el hilo conductor de la muestra, que propone una relectura del conjunto de su carrera, desde el complejo universo familiar de los primeros años, hasta sus creaciones tardías en Cataluña.
Sin cortapisas, el comisario de la exposición, Jaime Brihuega, aseveró que «sin el conocimiento de Freud, el artista catalán habría sido otra cosa y su pintura habría ido por otro lugar».
Las condiciones que rodearon la infancia y adolescencia del pintor de Figueras crearon las bases para esta relación, que acabó convirtiéndose en una auténtica obsesión y desembocó en la entrevista de 1938, cuando Freud estaba exiliado en Londres.
Dalí tuvo acceso a traducciones de la obra de Freud desde principios de la década de 1920, cuando se alojaba en la Residencia de Estudiantes de Madrid.
A partir de 1926, su obra se vincula progresivamente a la poética del surrealismo, inspirada a su vez por el médico vienés, explicó Brihuega.
Contribuyó a esa postura de forma determinante su «método paranoico-crítico», desarrollado a partir de los escritos de Freud. De tal forma, el museo Thyssen-Bornemisza busca arrojar nueva luz a la heterogénea y prolífica obra de Salvador Dalí.
Seis secciones componen la muestra, cada una de ellas centradas en obras de Dalí relacionadas con el pensamiento freudiano y se completa con pinturas y dibujos de Jean-Auguste-Dominique Ingres, Gino Severini, Jean Arp, Kurt Schwitters, Federico García Lorca e Yves Tanguy.
También se cuentan aportes de Santiago Ramón y Cajal y el propio Freud.
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