Una puerta de Estambul conserva huellas del asedio de Constantinopla

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Estambul, 24 oct (Prensa Latina) La Puerta de Solukule, integrada en las antiguas murallas de Estambul, conserva vestigios de uno de los sectores más activos del asedio de Constantinopla en 1453, aunque hoy constituye un paso cotidiano para los habitantes de la ciudad.

Situada en las Murallas Teodosianas, entre Topkapi y Edirnekapı, la puerta se encuentra en el punto donde el río Lycus llegaba a las fortificaciones, una ubicación que, junto con el terreno circundante, la convirtió en un elemento importante del sistema defensivo terrestre de la antigua capital bizantina.

Durante la época bizantina, el acceso era conocido como Pempton. En 1453, sus alrededores estuvieron entre los principales escenarios de los combates, cuando la artillería de las fuerzas del sultán Mehmed el Conquistador intentó abrir brechas en las murallas.

La historia del lugar continuó después de la conquista otomana. La puerta permaneció cerrada durante una parte importante de ese periodo, hasta que fue reabierta a finales del siglo XIX y volvió a integrarse en la vida urbana.

Las torres sufrieron graves daños durante el terremoto de 1894, de ls que solo se conserva una parte de la fachada norte de la torre sur.

La historiadora del arte Elif Rana Kabaklıoğlu explicó a la Agencia Anadolu que el nombre Sülukule, asociado a la zona desde la época del sultán Mehmed el Conquistador, está relacionado con el agua que fluía bajo las murallas.

Según la especialista, el nombre guarda relación con el río Lycus, que nace en el distrito de Bayrampaşa, atraviesa el área de la puerta y continúa junto a la actual calle Vatan y las líneas de tranvía y metro hasta llegar a Yenikapı, donde desemboca en el mar.

Kabaklıoğlu señaló que el caudal comenzó a disminuir durante la época otomana y que los habitantes de la zona hablaban de agua que brotaba de una cueva situada bajo la puerta.

La estructura también conserva señales de distintas etapas históricas. En el dintel superior de mármol puede observarse una cruz, mientras que las huellas de reparaciones evidencian las sucesivas intervenciones realizadas por bizantinos y otomanos.

Las murallas sufrieron daños a causa de terremotos, incendios y asedios, por lo que fueron restauradas en distintas ocasiones por orden de emperadores, comandantes y autoridades. En el dintel aún quedan restos de una inscripción vinculada a uno de esos trabajos de reparación.

La historia de Solukule también refleja las transformaciones sociales y demográficas de Estambul. Kabaklıoğlu indicó que, durante el periodo bizantino, comunidades romaníes vivían fuera de las murallas y que, según su relato, algunas pudieron establecerse dentro de la ciudad después de ayudar al emperador a sofocar disturbios internos.

La presencia romaní continuó durante la época otomana y quedó estrechamente vinculada a la identidad del barrio. Algunos residentes vivían en casas adosadas a las murallas y se dedicaban a oficios como la cría de mulas, la fabricación de herraduras, la herrería y la elaboración de objetos de cobre.

El lugar resume distintas etapas de la historia de Estambul: desde las fortificaciones construidas para defender la ciudad y el curso de agua que dio origen a su nombre, hasta las transformaciones de las comunidades y los oficios que caracterizaron el barrio.

Así, la Puerta de Solukule mantiene su función como paso para los residentes y, al mismo tiempo, conserva en sus piedras las huellas de los asedios, las restauraciones y la evolución de la vida urbana.

rc/mche

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