En la alimentación humana, las salsas ocupan un lugar primordial a la hora de una inmejorable forma de preparar platillos, a partir de un selecto gusto y presentación, donde la presencia de los vinos tiene un rango de altos vuelos.
Salsas y vinos constituye una simbiosis perfecta para la alimentación humana. En la actualidad, por ejemplo, las salsas constituyen el todo de una inmejorable receta y si están confeccionadas con productos de Baco, mucho mejor.
Se trata de una unión de altos quilates, donde es bueno tener en cuenta dos aristas: las salsas preparadas con vino y la relación del vino con las salsas en recetas disímiles.
Tal es el caso, que en la actualidad la combinación de los vinos en las buenas mesas se guía de sobremanera más por el tipo de salsa que por el resto del platillo.
Tintos y blancos, ocupan buen espacio, predeterminando el nexo, ya sea con carnes rojas, pescados, pastas, y otras formas de la culinaria internacional.
El ser humano desde hace mucho previó que es mejor acompañar las carnes y otros productos alimenticios con salsas que enriquecen el paladar, y por otro lado benefician una buena forma de la ingesta.
Precisamente, la palabra salsa proviene del latín “salsus”, o salado, porque era en principio el condimento esencial. Después, los romanos usaron el “garum”, una especie de salmuera a base de pescados y vísceras de pescado.
Como concepto resultó algo simple: agregar sabor, idea sostenida hasta la Edad Media y el Renacimiento, cuando aparecen algunas salsas a base de pimienta, de manzanilla y de caldo con vino, miel, jugo de uvas no maduras o agraz o vinagre.
En sentido general, se trató de combinaciones agridulces y espesadas con pan tostado molido.
Las salsas como las conocemos en la actualidad constituyen una creación de la culinaria francesa, que permitió el desarrollo de la «alta cocina» y cocina de restaurante.
Al inicio se emplearon además hongos y vegetales sin especiales condimentos, como la Duxelles y el Mirepoix, respectivamente; y la adición de un caldo a una base de mantequilla y harina o Roux a partir del cual nacieron la Velouté, la Béchamel, entre otras famosas, y posteriormente la emulsión en frío, como la mayonesa.
Es en el siglo XVIII, debido especialmente al famoso Caréme y más tarde al igualmente destacado Escoffier, se registra el inicio de clasificar y sistematizar las salsas frías y calientes.
Las últimas mencionadas se dividen en oscuras y blancas, dando nacimiento a las grandes salsas o «salsas madres», como demi-glace, española y de tomate, para las oscuras; y Béchamel y Veluté para las claras, y a partir de ellas muchas otras «compuestas».
Y por lo tanto, su vinculo con los productos de Baco es importante y el turismo sobre todo más exigente lo reclama en los destinos más delicados del Planeta.
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