Por Boris Luis Cabrera (Enviado especial)
La ceremonia fue mucho más que el protocolo de apertura de una competencia: constituyó una ventana abierta a las tradiciones, las costumbres y el profundo arraigo beisbolero de una nación que recibió por primera vez en su historia un torneo mundial de esta categoría.
El azul y el blanco, colores de la bandera nicaragüense, dominaron las tribunas y el terreno, mientras numerosos asistentes lucieron el güipil, traje típico que representa la herencia indígena y el mestizaje cultural del país, reconocido como Patrimonio Inmaterial, Artístico y Cultural de la Nación.

Bordados artesanales, música tradicional y una sucesión de expresiones folclóricas dieron vida a una estampa de autenticidad, en la que parejas de bailarines ocuparon los pasillos y hasta las bancas del estadio, acompañadas por una afición que respondió con entusiasmo a cada momento del espectáculo.
En el jardín derecho, una gigantesca pizarra humana, formada por luces y carteles de diferentes colores, aportó otro de los momentos visuales más llamativos de una noche en la que los fuegos artificiales iluminaron el recinto y el trofeo de campeón fue presentado ante las delegaciones participantes.
Los 12 equipos que disputarán la corona desfilaron ante el público, en una ceremonia que reunió a representantes de las autoridades deportivas, organizadores, voluntarios y aficionados, todos alrededor de una pelota que forma parte de la memoria colectiva de Nicaragua.
Maurice Ortega, delegado presidencial para la Producción y Desarrollo del Deporte, destacó el significado de acoger por primera vez una cita de esta dimensión y dio la bienvenida a quienes llegaron desde diferentes latitudes para compartir la fiesta del béisbol.
«Desde esta Nicaragua bendita y siempre libre, tierra de lagos y volcanes, recibimos este histórico evento por primera vez», expresó el funcionario, quien consideró que los ojos del béisbol mundial estarán puestos sobre el país durante los próximos días.
Ortega agradeció al Gobierno nicaragüense y aseguró que el país atraviesa un momento de crecimiento deportivo, respaldado, según afirmó, por instalaciones de primer nivel y mejores procesos de desarrollo y capacitación.
«Un saludo y un abrazo a todos los que nos visitan y a todos los que hacen posible la organización de este evento. Son victorias del deporte y de un pueblo que ama la paz», manifestó antes de declarar oficialmente inaugurada la competición, bajo una lluvia de fuegos artificiales.

La cita, que se extenderá hasta el 15 de noviembre, representa un acontecimiento inédito para el béisbol nicaragüense y coloca al país ante el desafío de organizar una competencia que reunirá a 12 selecciones nacionales en busca del título universal.
Tras el espectáculo inaugural, el diamante del Soberanía quedará listo para el desafío entre Nicaragua y Australia, encargados de poner en marcha la acción competitiva de una Copa Mundial que ya comenzó a jugarse en el corazón de su anfitrión.

Esta noche, antes de que los primeros lanzamientos escriban la historia deportiva del campeonato, Nicaragua ya consiguió una victoria a su manera: mostrarle al mundo que el béisbol también se juega con música, raíces, orgullo y el calor de todo un pueblo.
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