Los ambientalistas consideran que muchas veces es la naturaleza la víctima más silenciada, pues se queman bosques,contaminan acuíferos, los suelos son envenenados y animales sacrificados.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) precisó que en los últimos 60 años, casi la mitad de los conflictos armados internos estaban relacionados con la explotación de algún recurso natural, ya sea por su valor, como por su escasez.
Cuando se agrede al medio ambiente, no solo está en juego la supervivencia del hombre, sino la de muchas especies.
La ONU tiene en su Agenda 2030 como uno de sus objetivos trabajar para evitar las agresiones al medioambiente en situaciones de conflicto y también para garantizar los medios de subsistencia y recursos naturales, precisamente para prevenir conflictos.
En tal sentido, expertos internacionales consideran vital invertir más en el cuidado del medio ambiente en pos de proteger a todo el planeta, que derrochar los recursos en la esfera de la defensa.
“En lugar de desviar fondos de la salud, el medio ambiente y la transición energética para financiar al ejército, debemos invertir más en esos ámbitos, si bien se requiere algún tipo de protección, la atención debe centrarse en cómo garantizar una defensa eficaz con menores emisiones y a un coste reducido”, puntualiza un artículo de la revista The BMJ.
Invertir más en el ejército no es una solución al cambio climático y puede costar nuestra seguridad, advirtieron los especialistas.
Las emisiones anuales de gases de efecto invernadero del Departamento de Defensa de Estados Unidos superan las emisiones anuales de muchos países, aseguraron los científicos.
Los investigadores advirtieron que las guerras en sí mismas provocan grandes picos de emisiones, especialmente cuando los objetivos incluyen infraestructuras de petróleo y gas natural.
Coincidieron en que las reducciones sustanciales de emisiones solo se producirán cuando las fuerzas armadas reduzcan su tamaño y huella ambiental.
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