Más allá de la participación de una delegación de la nación caribeña, encabezada por el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Esteban Lazo, fueron los sentimientos de agradecimiento, hermandad y cariño los que trajeron los aires del archipiélago hasta las inmediaciones de Luanda.
Se sintieron cuando al mencionar a Lazo como máximo representante de la isla en el acto central por la efeméride, alrededor de 10 mil personas presentes aplaudieron con fuerza, como si ese gesto fuera un abrazo que llegara a cada uno de los cubanos que pasaron por estas tierras, que han sido miles.

Probablemente entre quienes estaban allí, todos conocieron a al menos un hijo de la nación caribeña que estuvo en Angola, quizá como soldado, o como médico, maestro o constructor, pero sin duda, en 50 años la huella ha sido profunda.
Cuba estuvo cuando el presidente angoleño, João Lourenço, en su mensaje a la nación mencionó a los “valientes jóvenes combatientes angoleños y cubanos” que “derramaron su sangre para rescatar la dignidad de los pueblos de Sudáfrica y Namibia, y liberar a la humanidad de la larga pesadilla” del apartheid con su triunfo en Cuito Cuanavale.
Pero en mi opinión, cuando más se sintió presente fue cuando en un bloque lleno de alegría, con personas de diferentes edades, irrumpieron en la plaza como parte del desfile de la ciudadanía los integrantes de la Asociación de exalumnos angoleños en Cuba, los Caimaneros.

Con su lema de Juntos ayer, hoy, mañana y siempre, son ellos la expresión viva de cuánto pueden el amor y la solidaridad cambiar la vida de las personas y, con ello, contribuir a cambiar el mundo.
Muchos llegaron a la nación caribeña niños y adolescentes y regresaron a sus familias convertidos en hombres y mujeres; trajeron de vuelta no solo una profesión para contribuir al desarrollo de su país y ganar su propio sustento, sino que regresaron cargados de lecciones de vida, porque hallaron entre los cubanos otra familia y otra patria.
Así lo dicen siempre en voz alta, y así actúan, siempre tratando de dar lo mejor por Angola en proyectos sociales, y también por la isla que les late en medio del pecho.
Cuando los Caimaneros entraron en la plaza, entraron sus profesores de la Isla de la Juventud y de distintas provincias del país; sus compañeros de estudio, las noches en las becas y las vivencias del periodo especial junto al pueblo cubano, ese que nunca se ha dejado vencer y enfrenta con una sonrisa las mayores adversidades.
En los hospitales, en el Parlamento, en las empresas del petróleo y las minas, en las industrias… no hay sector hoy en Angola donde los Caimaneros no estén presentes, siendo la prueba viva de que el amor y la amistad siempre serán el camino correcto, porque sus semillas siempre germinan, no importa el paso del tiempo.
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