La salida se produce en el marco del incremento planificado de ejercicios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la región ártica, citando «tensiones geopolíticas».
Expertos locales señalan que este movimiento refleja ajustes tácticos dentro de la alianza atlántica, sin representar una disminución del interés estratégico en el Ártico y subrayan que la participación finlandesa, aunque simbólica, validaba la coordinación aliada en un espacio de creciente competencia global.
La decisión se enmarca en el anuncio del 14 de enero por Groenlandia y Dinamarca de intensificar ejercicios militares conjuntos con socios de la OTAN en la isla.
Varios países aliados, incluidos los nórdicos y europeos clave, habían anunciado previamente el envío de personal militar a la región.
La retirada finlandesa no altera los planes generales de la OTAN, que continúa fortaleciendo su presencia y ejercitaciones en el Ártico.
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