El documento, elaborado en colaboración con el Mecanismo Africano de Evaluación por Pares, evalúa las economías africanas y describe cómo las condiciones financieras globales, las presiones fiscales y las reformas de gobernanza influyeron en las trayectorias del crédito soberano a lo largo del año.
Reveló que, durante el segundo semestre de 2025, varios países experimentaron mejoras en su calificación crediticia soberana, impulsadas por un mejor desempeño macroeconómico, la consolidación fiscal y el progreso en la reestructuración de la deuda.
Por ejemplo, Fitch elevó la calificación de Costa de Marfil gracias a su sólida estabilidad política, un crecimiento sostenido superior al seis por ciento y estrategias proactivas de gestión de la deuda, que incluyen la recompra de eurobonos y la diversificación hacia bonos Samurai.
Estos últimos son emitidos en yen en Japón por compañías que no son locales y está sujeto a las regulaciones del país. Los bonos proporcionan al emisor un acceso al capital japonés, utilizado para inversiones o para operaciones de financiación fuera de Tokio.
Moody’s y Standard & Poor’s (S&P) rebajaron la calificación de Botswana tras una fuerte caída en los ingresos provenientes de la industria de diamantes, lo que debilitó los balances fiscales y expuso vulnerabilidades asociadas a una diversificación económica limitada. Sin embargo, el país mantuvo su grado de inversión, subrayó el texto.
Cabo Verde, por su parte, tuvo una revisión positiva de la perspectiva por parte de S&P, lo que indica la posibilidad de futuras mejoras si mantienen las actuales.
Tras la evolución de cada país, el informe presenta un conjunto consolidado de recomendaciones para ayudar a los gobiernos africanos a fortalecer sus perfiles crediticios soberanos.
Señaló la necesidad de que los gobiernos africanos y las agencias de calificación fortalezcan los mecanismos de participación para garantizar que las decisiones reflejen las reformas económicas en tiempo real, mejoren la transparencia de las metodologías y revisen restricciones.
Instó a las agencias a ampliar su evaluación de las estrategias fiscales para reconocer el endeudamiento interno como una opción política deliberada y orientada al desarrollo, y no como una señal de dificultades del mercado. Asimismo, pidió a las mismas adaptarse a las realidades estructurales y económicas africanas.
Recomendó acelerar la puesta en marcha de la Agencia Africana de Calificación Crediticia para proporcionar valoraciones más acordes con las condiciones del continente y complementar las reformas globales, destinadas a mejorar la equidad y la precisión.
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