A sus 20 años, el ciclista belga escribió su primera página dorada como profesional en las cumbres africanas, al domar en la exigente jornada de montaña con final en Rubavu tras 3:05:55 horas de batalla contra el asfalto y la pendiente.
De Clercq, formó parte de una escapada de 19 corredores que nació en los primeros ascensos como un susurro rebelde y terminó convertida en tempestad.
En un pelotón sin brújula ni concertación, la diferencia creció hasta superar los seis minutos, un abismo que terminó por engullir las aspiraciones de los favoritos.
Durante el decisivo ascenso a Rambo, con pendientes superiores a 10 por ciento, la fuga se desgarró. El belga se marchó junto al alemán Moritz Kretschy, del NSN Development Team, y el también belga Mauro Cuylits, del Lotto-Groupe Wanty. ç
La montaña, juez implacable, dejó pronto sin respuesta a Cuylits y redujo la disputa a un duelo entre juventud y ambición.
De Clercq coronó con más de un minuto sobre los perseguidores y, ya en el descenso final hacia Rubavu, sostuvo el pulso con Kretschy antes de alzar los brazos como vencedor de etapa.
El alemán, segundo en meta con el mismo tiempo, encontró consuelo en el premio mayor: el maillot amarillo de líder. Cuylits cruzó tercero, a un minuto exacto.
Los restantes escapados arribaron a más de dos minutos, mientras el grupo del anterior líder, el neerlandés Jurgen Zomermaand (Development Team Picnic PostNL), cedió 5:40 y vio evaporarse su ventaja en la clasificación acumulada. Tras cuatro jornadas, Kretschy comanda la general con crono de 14:02:34 horas. Le siguen el alemán Johannes Adamietz (REMBE | rad-net), a 2:02 minutos, y el eritreo Desta Amaniel Teweldemedhn (Team Amani), a 2:18. De Clercq, pese a su hazaña parcial, aparece en el puesto 33, a 18:51, lastre de días anteriores que no empaña su gloria reciente.
La carrera continuará este jueves con la quinta etapa, un trazado de 82 kilómetros con salida y llegada en Rubavu, programado entre las 14:00 y las 15:55 horas locales. Será una jornada más breve, pero no menos tensa, en una ronda donde la juventud pedalea sin miedo y convierte cada colina ruandesa en un altar de consagración.
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