Según datos, el sector de la aviación generó antes de la pandemia de la Covid-19 el monto de 3,5 billones de dólares —2,98 billones de euros (un billón equivale a un millón de millones).
Ello en cuanto a actividad económica, equivalente al 4,5 por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial, y sostuvo cerca de 88 millones de empleos.
La recuperación del tráfico tras la Covid-19 y las previsiones de crecimiento a largo plazo están devolviendo la presión sobre las infraestructuras aeroportuarias.
En este contexto, Europa se enfrenta a un desafío particular, pues de 2021 a 2040, la inversión aeroportuaria en el continente alcanzará los 427 mil millones de dólares (363 mil millones de euros), cerca del 18 por ciento del total mundial.
Buena parte de este esfuerzo inversor se destina a la modernización y ampliación de infraestructuras existentes, más que a la construcción de nuevos aeropuertos, debido a las limitaciones de suelo, los elevados costos y la presión regulatoria y medioambiental. Las proyecciones de ACI apuntan a que cerca de 19 mil 700 millones de pasajeros pasarán por los aeropuertos del mundo en 2040, más del doble que en 2019.
Este crecimiento obligará a acelerar las inversiones en capacidad aeroportuaria.
Por otro lado, el costo estimado para alcanzar cero emisiones netas se elevó de 800 mil millones de euros a 1,3 billones desde 2021, lo que podría ralentizar el crecimiento medio anual de la demanda de pasajeros del dos al al 1,4 por ciento.
De ahí que tal elemento complicaría la viabilidad financiera de los aeropuertos y su capacidad de inversión.
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