Las reacciones, amplificadas en redes sociales y recogidas por medios como Correio Braziliense y Metrópoles, tildaron al legislador y precandidato presidencial de “traidor de la patria” y otros calificativos similares por sus posiciones sobre la soberanía y los recursos estratégicos del país.
El diputado federal Lindbergh Farias, del Partido de los Trabajadores, afirmó en un mensaje divulgado en X que el senador “fue a Estados Unidos para cumplir el papel que eligió: el de marioneta de Donald Trump contra el propio Brasil”, y lo acusó de “tratar minerales raros y riquezas naturales como activos disponibles para extranjeros”.
Además, sostuvo que esa conducta no defiende al gigante sudamericano, sino que trabaja para rebajar al país, debilitar su capacidad de decisión y abrir espacio para que intereses de Estados Unidos “dicten el rumbo de nuestro territorio, nuestra economía y nuestro futuro”.
Las críticas se producen tras la participación de Bolsonaro el pasado sábado en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), celebrada en Texas, donde defendió que las elecciones brasileñas de 2026 adopten “valores de origen estadounidense” y pidió presión internacional sobre las instituciones de su país.
De acuerdo con el portal Brasil de Fato, el senador también sugirió que su país podría contribuir a resolver problemas estratégicos de Estados Unidos, en particular en el acceso a minerales críticos y tierras raras, a los que se refirió como activos que Brasil alinearía con los intereses estadounidenses si él llega a la presidencia.
Asimismo, retomó posturas negacionistas al afirmar que su padre, el exmandatario Jair Bolsonaro, fue víctima de la “tiranía de la Covid”, en referencia a las medidas sanitarias adoptadas durante la pandemia. En un artículo de opinión publicado en el portal Brasil 247, el periodista Leonardo Attuch consideró que las palabras del senador evidencian un alineamiento con la agenda de Trump y colocan la disputa electoral de 2026 como una elección entre soberanía nacional y subordinación a intereses extranjeros.
Según el autor, en los comicios de octubre próximo estarán, de un lado, quienes defienden la soberanía nacional, el desarrollo independiente, los recursos estratégicos de Brasil y el papel del país en un orden multipolar, y esas personas votarán por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Del otro lado, añadió, estarán los traidores: “aquellos que visten la camiseta amarilla, pero se doblegan ante intereses foráneos, que hablan de patriotismo mientras conspiran en el extranjero, que utilizan símbolos nacionales para enmascarar una agenda de sumisión”. Las reacciones también incluyeron a los ministros de Relaciones Institucionales, Gleisi Hoffmann, y de la Secretaría General del Gobierno de Lula, Guilherme Boulos, quienes calificaron de grave la posibilidad de ofrecer recursos estratégicos a otra potencia.
«Flavio Bolsonaro y su hermano Eduardo, prófugo de la justicia, estuvieron este sábado en Estados Unidos jurando lealtad a Donald Trump y difundiendo mentiras sobre Brasil», manifestó Hoffmann en la red social X.
«Ni siquiera pueden disimular que su plan es entregar el país a intereses extranjeros. Creen que el pueblo brasileño ha olvidado que esta familia llevó al país al Mapa del Hambre, destruyó nuestra economía y es responsable de la muerte de cientos de miles de víctimas de la Covid-19», agregó la titular.
En esa misma plataforma Boulos indicó que Flávio Bolsonaro está ofreciendo la riqueza y el futuro del pueblo brasileño a una potencia extranjera a cambio de apoyo. «¿Entiendes lo que estará en juego en octubre?», advirtió, en referencia a la fecha de los venideros comicios.
Durante el actual contexto electoral, el episodio adquiere relevancia al reforzar la polarización en torno a modelos de desarrollo y política exterior, y situar en el centro del debate la soberanía frente a propuestas de mayor alineación con naciones externas.
Asimismo, el tema genera preocupación por una eventual interferencia electoral de Estados Unidos, después de antecedentes recientes de injerencia en procesos políticos de la región, como las elecciones celebradas en 2025 en Honduras y Argentina.
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