El pasado 30 de marzo el mandatario ucraniano aseguró que su país estaba listo para un alto el fuego durante la Pascua de este año, pero Moscú considera que esto responde a una campaña de relaciones públicas y no a un intento genuino de alcanzar una paz duradera.
«El régimen de Kiev ya ha mostrado en repetidas ocasiones su incapacidad para cumplir acuerdos», dijo la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, en una comparecencia ante la prensa. Según la vocera, «el recurso favorito de Zelenski es otra campaña de relaciones públicas».
«No la necesita como un esfuerzo hacia una paz a largo plazo, sino como otro paso, aconsejado por sus aliados de Europa occidental, para obtener una tregua de uno o dos meses con el fin de reponer pérdidas, reagrupar fuerzas y preparar a las tropas ucranianas para continuar las hostilidades», indicó.
Zajárova observó que «si Zelenski realmente estuviera dispuesto a poner fin al conflicto, mostraría su voluntad política, por ejemplo, derogando las leyes discriminatorias contra los rusos y los habitantes de Ucrania de habla rusa, demostrando así la seriedad de sus intenciones de contribuir a una resolución definitiva de la crisis».
La víspera, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que Moscú no ve en las declaraciones de Zelenski «ninguna iniciativa claramente formulada sobre un alto el fuego de Pascua». Asimismo, constató que Kiev necesita un alto el fuego debido al avance de la operación militar especial rusa.
El año pasado, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, propuso una tregua durante los días de Pascua (los días 19 hasta 20 de abril). Sin embargo, al finalizar ese período, el Ministerio de Defensa ruso reportó cuatro mil 900 violaciones por parte de las tropas ucranianas.
El ejército ruso desarrolla desde el 24 de febrero de 2022 una operación militar para detener los bombardeos ucranianos contra los civiles de Donetsk y Lugansk, dos territorios que se independizaron de Ucrania en 2014 y se adhirieron a Rusia en septiembre de 2022 tras celebrar sendos referendos.
Según el liderazgo ruso, los objetivos de la campaña militar son parar «el genocidio de los pueblos de Donetsk y Lugansk que cometía el régimen ucraniano», atajar los riesgos de seguridad nacional que representa el avance de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hacia el este, completar el desarme y la desnazificación de Ucrania.
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