Señala el periódico Granma, que en esa región del archipiélago, las nuevas prerrogativas de la empresa estatal facilitan la colaboración con campesinos que logran reinventarse y exploran un camino viable para la producción de huevos.
Aunque no logran abastecer todas las mesas, su esfuerzo beneficia a los sectores más vulnerables
Recalcan que la avicultura cubana atraviesa su momento más complejo. La carencia de piensos, la genética costosa y una logística que no admite fallos convierten al huevo, antes salvavidas de la cocina, en un privilegio al alcance de pocos.
En Bayamo, el campesino Humberto Labrada Coronado y la Empresa Cárnica Vallerojo, de Granma, construyeron un encadenamiento que intenta demostrar que, con alianzas inteligentes, disciplina y resiliencia, es posible sostener un flujo productivo.
Ciencia, divisas, bioseguridad y saberes compartidos se dan la mano en este experimento que, sin ignorar las urgencias del presente, busca erigirse en un modelo sostenible a pequeña escala.
Frente a los problemas, el campesino mencionado con la avicultura como herencia familiar, supo que debía dar un giro. El proyecto iniciado en 2017 por su padre se topó con la escasez de piensos en 2023, obligándolo a sacrificar las reproductoras.
Lejos de rendirse, reconvirtió su proyecto hacia las ponedoras, una apuesta más eficiente que exige menos alimento por cada huevo. Afortunadamente, la finca Bella Aurora, enclavada a unos cinco kilómetros de la cabecera provincial, ya estaba diseñada para ese cambio.
Reseña la publicación que posteriormente, lo que comenzó como un pequeño experimento en el centro del país encontró en la Empresa Cárnica Vallerojo el terreno fértil para germinar.
La fórmula económica que rige esta cooperación refleja un equilibrio buscado entre el capital y el riesgo. La empresa estatal asume el pienso, el transporte, el combustible y la adquisición de la pollita de genética, lo que representa aproximadamente el 70 por ciento de la inversión.
Labrada Coronado aporta la instalación, el personal técnico y el conocimiento, valorado en un 30 por ciento.
Esta alianza capitaliza las fortalezas de cada parte. La industria aporta su capacidad logística internacional para captar divisas, su infraestructura de frío y vapor, transporte, combustible y un colectivo de ingenieros y mecánicos especializados.
Labrada Coronado, por su parte, pone el conocimiento técnico, el manejo minucioso de los animales y la disciplina sanitaria.
Con financiamiento tanto nacional como internacional, y tras años de intenso trabajo, padre e hijo lograron transformar la finca Bella Aurora, que anteriormente era un terreno ocioso y lleno de marabú.
Con capacidad para 20 mil animales, se dotó de tecnología necesaria, como cámaras frías, neveras de exhibición, máquinas para asar, plantas de incubación y un matadero.
Los pollos llegaron a alcanzar un peso promedio que oscilaba entre 1,7 y 2,13 kilogramos por animal, lo cual les permitía vender a la Empresa Avícola de Granma, en un año, 17 toneladas de carne.
Actualmente, la finca Bella Aurora, en manos de Humberto, cuenta con ocho mil gallinas ponedoras, de las cuales cinco mil están bajo este régimen cooperado con la Empresa Cárnica.
En medio de esas luces y sombras, este proyecto cooperado constituye una alternativa valedera para proteger a segmentos específicos de la población en un contexto en el que el huevo se convirtió en un lujo, concluye el mensaje.
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