El legislador brasileño de extrema derecha y el mandatario norteamericano se reunieron ayer en un encuentro anunciado por varias organizaciones periodísticas la semana pasada, pero que se mantuvo en duda hasta el último momento a falta de confirmación oficial de la Casa Blanca.
Según reportes de los diarios Folha de S. Paulo y O Globo, la reunión fue articulada por aliados del bolsonarismo en Estados Unidos, entre ellos el exdiputado Eduardo Bolsonaro y el comunicador Paulo Figueiredo.
El primero de esos periódicos afirmó que la visita ocurrió en medio de los intentos de sus socios por establecer una agenda positiva en su precampaña tras las repercusiones políticas del caso «Dark Horse».
Tal consideración se desprende del impacto negativo que han tenido para el legislador las revelaciones del portal Intercept Brasil.
Ese medio difundió reportajes que apuntan a una relación cercana entre Flávio Bolsonaro y el exbanquero Daniel Vorcaro, quien actualmente se encuentra preso en medio de una investigación por presuntos fraudes financieros, corrupción y organización criminal.
Según Intercept Brasil, Flávio le solicitó a Vorcaro 24 millones de dólares para costear la película “Dark Horse”, inspirada en su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.
Los cuestionamientos dañaron la imagen electoral del legislador, como se observa en recientes sondeos en los que perdió terreno en la intención de voto de cara a los comicios presidenciales del 4 de octubre próximo.
El diario O Globo señaló que la fotografía junto a Trump era considerada por el entorno bolsonarista como “una de las principales apuestas” para interrumpir el ciclo de desgaste político y reforzar la conexión internacional de Flávio con el trumpismo, en momentos en que sectores conservadores comienzan a discutir alternativas presidenciales dentro de la derecha brasileña.
De tal forma, el encuentro en la Casa Blanca fue utilizado por el senador para proyectar una agenda de alineamiento con Washington y endurecimiento en materia de seguridad. En declaraciones posteriores a la reunión, Flávio Bolsonaro reveló que pidió al Gobierno estadounidense clasificar a las organizaciones criminales Primeiro Comando da Capital y Comando Vermelho como grupos terroristas.
La propuesta es interpretada por diversos sectores políticos como un movimiento sensible para la soberanía brasileña, debido a que esa designación podría abrir espacio para presiones o acciones de injerencia sobre asuntos internos de seguridad pública.
Brasil de Fato recordó que la propia administración estadounidense estudia desde hace meses esa posibilidad y advirtió que la clasificación de facciones brasileñas como terroristas permitiría ampliar mecanismos de intervención internacional.
El Palacio del Planalto ya había expresado preocupación sobre el tema tras la reciente visita del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a Washington, dijo Folha, pues el Ejecutivo considera que una medida de ese tipo daría margen a interferencias estadounidenses en territorio nacional.
Flávio Bolsonaro rechazó las críticas y aseguró que “no existe absolutamente ninguna amenaza contra Brasil”, al tiempo que defendió una futura alianza hemisférica con gobiernos de derecha de América Latina y Estados Unidos para combatir el crimen organizado, en evidente alineación con el nuevo impulso estadounidense a la Doctrina Monroe.
El senador también buscó diferenciarse de Lula en política exterior. De acuerdo con Brasil 247, prometió a Trump que, si vence las elecciones de 2026, Brasil tendrá “un presidente aliado” de Washington y una relación distante de lo que calificó como alineamientos ideológicos con China y otros gobiernos.
Analistas citados por Brasil de Fato consideraron que el principal efecto inmediato del encuentro fue revitalizar la base bolsonarista y ofrecer una imagen de fuerza política tras semanas dominadas por las denuncias relacionadas con Vorcaro y el Banco Master.
Por otra parte, la reunión generó comparaciones con el encuentro sostenido el 7 de mayo último entre Trump y Lula.
Mientras la prensa brasileña reflejó ese momento como una cita institucional centrada en cooperación económica, seguridad y relaciones bilaterales, el diálogo de Flávio Bolsonaro con el mandatario estadounidense apareció más asociado a un ejercicio de marketing político.
Además, la conversación con Lula fue oficialmente confirmada por la Casa Blanca y descrita como una visita de trabajo entre jefes de Estado, en tanto la del senador estuvo rodeada de discreción e incertidumbre.
Junto con el simbolismo de la fotografía en la Oficina Oval, el encuentro dejó expuesta la estrategia de Flávio Bolsonaro para intentar reposicionarse en medio de la crisis: reforzar su vínculo con el trumpismo y convertir la política exterior en un eje central de su discurso electoral.
Sin embargo, mientras el legislador busca proyectar imagen de liderazgo internacional desde Washington, en Brasil continúan creciendo las repercusiones políticas del caso Vorcaro y no se han detenido las dudas sobre la viabilidad de su candidatura.
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