Lejos de una exhibición convencional, la muestra, disponible hasta el 30 de agosto en el Edificio de Arte Cubano de la institución, invita a habitar el arte como estado de conciencia.
Campins, cuya trayectoria transita entre la memoria y el paisaje, despliega aquí un conjunto de obras donde la representación cede paso a la experiencia perceptiva, según un comunicado de prensa.
La serie que da vida a esta propuesta tiene su origen en el Desierto Pintado de Arizona; las formaciones geológicas -marcadas por capas de tiempo y color- funcionan como disparador de una investigación pictórica donde lo visible y lo intangible conviven en tensión.
En este muestra las imágenes parecen oponerse a la inmediatez del presente; proponen, en cambio, una temporalidad pausada e introspectiva, destaca el texto.
Los formatos abarcan desde la escala íntima hasta el gran lienzo, mientras la pintura se vuelve inmersión y tránsito.
Se trata de evocar una geografía interior donde luz, materia y espacio se equilibran en silencio.
En MALPAÍS “el desierto aparece simultáneamente como territorio inhóspito y refugio, resistencia y revelación”.
“Frente a las dinámicas de aceleración y saturación visual del presente, la exposición reivindica otra forma de relación con la imagen y con el tiempo”.
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