Dicho informe apunta al cierre del primer semestre de 2026 con una previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 1,8 por ciento, manteniendo la estimación realizada en marzo.
Sin embargo, este crecimiento viene acompañado de un ajuste en las previsiones de inflación, impulsado principalmente por el encarecimiento de la energía derivado de la escalada del conflicto en el Medio Oriente.
La economía lusa, que el año pasado superó las expectativas con un crecimiento del 1,9 por ciento y logró un superávit presupuestario del 0,7, enfrenta ahora un escenario de mayor incertidumbre según la entidad que preside Mário Centeno.
El BdP señala que las perspectivas de crecimiento están limitadas por el aumento de los precios del petróleo, unas condiciones financieras más estrictas y una menor demanda externa.
A pesar de un primer trimestre complicado, marcado por tormentas e inundaciones que llevaron a una contracción del cero por ciento en la variación trimestral, el consumo interno y la inversión muestran señales de recuperación.
El Gobierno, por su parte, mantiene una previsión ligeramente más optimista, situando el crecimiento anual en el dos por ciento.
Uno de los cambios más significativos en esta actualización es la previsión de inflación.
El banco central revisó al alza la tasa armonizada para 2026, situándola en el 3,1 por ciento, frente al 2,8 previsto en marzo. Esta subida contrasta con la inflación del 2,2 por ciento registrada en 2025, cuando se espera que los precios moderen su escalada a partir de 2027, situándose en el 2,4 por ciento.
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