Esta jornada anual de celebración, cuya efeméride se cumple en octubre, contará como plato fuerte con exposiciones de manuscritos corregidos por el propio Jonathan Swift (1667-1745), autor de la obra, y debates que reivindican la vigencia de su mordaz crítica social.
La biblioteca pública Armagh Robinson Library, en Irlanda del Norte, exhibirá desde julio una primera edición con enmiendas manuscritas del deán, intervenida por su editor original por temor a represalias políticas, detalló el diario español La Vanguardia.
Swift no sentía que ese fuera su libro, así que empezó a anotar en los márgenes todo aquello que no reconocía, explicó a dicho medio la bibliotecaria Carol Colin. Mientras, aquí, la Biblioteca Marsh ya inauguró una muestra que itinerará a París, mientras el Trinity College, donde el autor se formó, prepara otra exhibición en la emblemática Long Room.
La investigadora Alexandra Caccamo, custodio de fondos raros en la Biblioteca Nacional de Irlanda, subrayó a La Vanguardia que la complejidad de la obra desborda el imaginario infantil.
Mucha gente suele relacionarlo con niños (…). Sin embargo, el libro es mucho más complejo y mordaz, declaró al rotativo.
La novela, aparecida anónimamente en 1726, narra los naufragios del capitán Lemuel Gulliver en tierras pobladas por diminutos liliputienses vanidosos, gigantes pragmáticos e intelectuales volátiles de la isla Laputa, obsesionados con sus especialidades pero ignorantes del resto de la realidad.
El eco de esta sátira contra la vanidad humana y la corrupción resuena en Iberoamérica; el legado del deán de San Patricio demuestra, tres siglos después, que el naufragio más célebre de las letras anglosajonas mantiene intacta su capacidad de interpelar al poder.
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