De los más populares en la Copa Mundial de fútbol de México, Estados Unidos y Canadá 2026 está el de los aficionados de Noruega, que ya sea sentados o hombro con hombro, celebran cada triunfo con un movimiento sincronizado de remero, como si todos viajaran en un antiguo barco vikingo.
Bastante se ha visto la celebración en este certamen, porque el elenco escandinavo no solo ha ganado, sino que ha encantado con un caudaloso potencial ofensivo, liderado por Erling Haaland, suelto como si no fuera un debutante en estas lides.
En otras partes del mundo les han copiado el festejo, pero nada como ver a los propios jugadores nórdicos aupando a su afición con este ritual que homenajea a su vez el esfuerzo colectivo, donde la paletada de uno no tiene sentido si el compañero no va en su misma dirección.
A través de la historia vivimos la famosa cuna de bebé de Brasil en 1994, las piruetas de varios delanteros al estilo Hugo Sánchez, el perrito de Cuauhtémoc Blanco, el Spiderman del argentino Julián Álvarez, el saludo militar o los bailes de cada país.
Al final estos festejos curiosos, tejidos con hilos culturales y emocionales, nos recuerdan que celebrar es también un acto de identidad y memoria, un puente entre generaciones que se llena de magia y misterio.
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