Consideran crecimiento de doble cara para economía latinoamericana

Londres, 2 jul (Prensa Latina) Medios especializados y organismos de expertos consideran hoy un crecimiento económico con doble cara para América Latina, y estimulan seguir de cerca dicha tendencia.

La región crecerá 2,2 por ciento en 2026, pero la incertidumbre externa y los conflictos acechan.

La CEPAL y el Banco Mundial (BM) proyectan un crecimiento moderado del 2,2 para la región, con un consumo privado débil y una inversión contenida, en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas y el encarecimiento de la energía.

Por tanto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) actualizó sus proyecciones de crecimiento para la región, situándolas en el dato mencionado para 2026, una leve revisión a la baja respecto al 2,3 estimado en diciembre de 2025.

Este resultado refleja un entorno externo más complejo, caracterizado por mayores tensiones geopolíticas, condiciones financieras restrictivas y el resurgimiento de presiones inflacionarias a nivel global.

Esta cifra se alinea con la proyección del BM, que prevé un crecimiento del 2,1 por ciento, por debajo del 2,4 registrado en 2025. De concretarse, la región completaría cuatro años consecutivos con tasas de crecimiento cercanas al 2,3, evidenciando un patrón de baja capacidad.

El panorama, sin embargo, no es homogéneo. Según la CEPAL, en 24 de los 33 países de la región se desaceleraría el crecimiento en 2026, mientras que solo siete mostrarían una aceleración.

El consumo privado, motor tradicional del crecimiento, se muestra débil, y la inversión, aunque con signos de recuperación, continúa siendo moderada en la mayoría de los países.

En este contexto de menor dinamismo, la creación de empleo también se resiente, con un crecimiento estimado en torno al 1,1 por ciento, frente al 1,5 de 2025.

El Banco Mundial subraya que las empresas se muestran cautelosas ante el aumento de los costos de endeudamiento y un entorno externo difícil.

Las tensiones geopolíticas, incluido el conflicto en Medio Oriente, elevan los precios de la energía e introducen riesgos inflacionarios que podrían retrasar la flexibilización monetaria.

A esto se suma el impacto de la política comercial de Estados Unidos, que con aranceles diferenciados para la región -desde el 10 por ciento para Centroamérica hasta el 25 para México- genera incertidumbre y redirige los flujos comerciales. Los países capaces de adaptarse a estos cambios tienen la oportunidad de reposicionarse, señaló el economista Alejandro Grisanti a Invezz.

Los gobiernos de la región, operando bajo estrictas restricciones fiscales, con altos pagos de intereses y una deuda pública estabilizada pero elevada, ven limitado su espacio para el gasto en infraestructura e inversión social, áreas críticas para el crecimiento a largo plazo.

Aprovechar los recursos naturales y el impulso reformista de la región requiere, según el BM, invertir en la base: habilidades, apertura e instituciones sólidas.

mem/rfc

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