Por Lemay Padrón Oliveros (Enviado especial)
Venía de Sandra Rangel, empleada de una fonda cercana a la puerta 3 del recinto deportivo, por donde entra la prensa acreditada, y fue posible gracias a clases de inglés que tomaron locatarios de la zona para prepararse y atender a los turistas internacionales.
Durante los meses de mayo y junio, trabajadores y empresarios de locales, comerciantes de distintas edades dedicados a las ventas de comidas, antojitos, jugos, tienditas y hasta servicios mecánicos cercanos al Coloso de Santa Úrsula se prepararon para aprender pequeñas oraciones para lograr comunicarse.
Frases sencillas como “I’m mexican” (soy mexicano), “My name is” (mi nombre es), hasta oraciones un poco más elaboradas y de servicio como “can i take your order” (puedo tomar su orden) les ayudan a captar clientes por estos días.
Es parte del fruto de las tres horas dedicadas de lunes a viernes con pequeñas libretas de notas a aprender gracias a profesores voluntarios, a través de una alianza con la Dirección General de Mercados de la alcaldía local.
Llegamos a un acuerdo para rotarnos en las clases y no dejar el local desatendido, pero valió la pena porque me he podido comunicar con personas de Uzbekistán y de Japón, y cuando hace falta me apoyo en el traductor del celular, comentó.
Sandra reconoció que algunos colegas se desanimaron porque no notaban el progreso, pero la mayoría llegó hasta el final, y hoy sonríen al poder saludar sin pena a los visitantes y también entenderles un poquito.
No será el “Hello” más correcto, pero el mensaje llega, y lo importante es el abrazo intercultural sin barreras; por esa parte ganó todo el mundo.
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