Por Jorge Petinaud Martínez
Corresponsal jefe en Bolivia
La gala consagrada al Día de la Madre Tierra con acceso gratuito a cerca del millar de espectadores que colmó la Sala llimani del Campo Ferial Chuquiago Marka, colocó en su punto más alto la varilla de la calidad artística, cuando falta una semana para que la edición 30 de la FIL cierre sus cortinas.
En el concierto al que asistió el exvicepresidente del Estado Plurinacional David Choquehuanca y una amplia representación del cuerpo diplomático acreditado, la artista demostró sobre el escenario que es necesario retornar al cosmobiocentrismo de las sociedades ancestrales milenarias y abandonar la visión antropocéntrica impuesta por el capitalismo.
Como expresa el propio Choquehuanca en su libro Geapolítica del Vivir bien, todos los que nos alimentamos con la leche de la Madre Tierra (agua) somos hermanos: humanos, plantas y animales, semejantes y diferentes, que nos complementamos.
Y ese sentir fue el hilo conductor de la velada denominada La Alegría de los Pueblos, en que Carpio con su poesía armonizada y cantada en quechua y a ratos con sus danzas, reafirmó esos conceptos con su arte excelsa.
Con amplio reconocimiento en América Latina y Europa, en su propuesta artística Carpio rescata las lenguas originarias, la memoria de los pueblos indígenas y la profunda relación entre el ser humano y la naturaleza.
En el concierto auspiciado por el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (Filac), la embajada de España en Bolivia y la Cámara Departamental del Libro, la cantante mantuvo las tradicionales percusiones andinas, el charango, la quena y la zampoña.
Pero como en su más reciente disco elogiado por la revista Rolling Stone, El Retorno del Sol, complementó ese ambiente sonoro con una atmósfera de sintetizadores y secuencias digitales producidas por el bajista Leonardo Martinelli, a quien sobre la escena se unieron un violinista y un baterista con instrumentos favorecidos por la electrónica.
Todo eso redundó en una plena comunicación con niños, jóvenes y adultos presentes desde la apertura del recital con Tata Inti (canto al sol) y con otras obras dedicadas a la lluvia, las cosecha y la fauna.
En particular, la artista provocó una ovación con un largo solo en que recreó con sus cuerdas vocales el canto de los pájaros.
Sus temas Warmikuna Yupai-chasqa puni kasunchik (mujeres y hombres en igualdad) y Bartolina Sisa, en un país donde no son pocos los feminicidios cada año, fue palmeado y coreado por muchas mujeres, con lágrimas en los ojos.
Muy meritorio el trabajo junto a músicos de una generación mucho más joven para brindar el canto ancestral sin abandonar su raíz telúrica y al propio tiempo revestirla de contemporaneidad con respetuosas orquestaciones y el empleo de las nuevas tecnologías, incluido el empleo de audiovisuales en una gran pantalla.
Y en medio de todo esto, sin dudas, lo más cautivante fue la voz de sol, lluvia, cascada y arrullo de amanecer de Liudmila Carpio en permanente comunicación con el corazón de un público que al final le reclamó más de una vez, ¡otra!
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