Estaciones del Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar) marcaron hasta 40 centímetros adicionales en Esmeraldas, 35 en La Libertad, provincia de Santa Elena, y 37 en Galápagos.
Este comportamiento está relacionado con la expansión térmica del agua y la acumulación de masas cálidas en el Pacífico, asociadas al fenómeno de El Niño, precisaron los expertos.
El Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (CN-Erfen) reportó que el calentamiento del mar alcanza 2,7 grados centígrados sobre los valores normales en amplias zonas del Pacífico.
“Todos los índices monitoreados están sobre los umbrales de El Niño y las predicciones científicas apuntan a que se consolidará como un evento de categoría muy fuerte”, afirmó Jonathan Cedeño, oceanógrafo de la Escuela Politécnica del Litoral (Espol) citado en la prensa local.
Cedeño advirtió que las condiciones actuales guardan similitudes con episodios intensos de El Niño, aunque aclaró que la intensidad de las anomalías oceánicas no determina por sí sola la magnitud de las lluvias.
“Debemos esperar, como base, un invierno fuerte”, señaló el investigador, quien considera que las precipitaciones más intensas podrían consolidarse durante la temporada lluviosa habitual de la Costa, entre noviembre y los primeros meses de 2027.
Mientras tanto, el ascenso del mar ya genera efectos en zonas costeras, con oleajes y aguajes en las provincias de Guayas, Esmeraldas, El Oro, Santa Elena y Manabí.
En ese último territorio, el aumento del nivel del mar afecta a las salinas, ya que se inundaron algunos pozos de evaporación y eso redujo la producción artesanal de sal.
El fenómeno también agrava la erosión de playas e impacta infraestructura turística y viviendas en sectores de Manabí, Guayas y Santa Elena.
En ciudades como Guayaquil, el nivel elevado del mar puede dificultar, además, el drenaje de las aguas de lluvias, debido a que las mareas actúan como una barrera para su evacuación hacia los esteros y el río Guayas.
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