Las cifras, junto con denuncias de personas que aparecen desorientadas y lejos del último lugar donde fueron vistas, colocan nuevamente bajo los reflectores a la escopolamina, conocida popularmente como “burundanga”.
Durante las últimas semanas Prensa Latina vio numerosas personas que han vuelto a utilizar las mascarillas en sus rostros, sobre todo en la zona sur de la ciudad.
El temor, según afirman algunos, no es contagiarse con la Covid-19 o algún otro virus respiratorio, sino ser escopolaminados, aunque eso no está comprobada como barrera para la contaminación.
La prensa local se ha hecho eco de algunos casos que encendieron las alarmas sobre cómo funciona esa sustancia y cómo la utilizan los delincuentes.
Pablo Llanes, de 29 años, desapareció en Quito el 29 de julio y fue localizado dos días después en Baños, ciudad situada a unos 175 kilómetros de la capital.
Su padre, el exasambleísta Henry Llanes, sostuvo que su hijo fue víctima de escopolamina, aunque la sustancia no pudo ser identificada posteriormente mediante exámenes debido al tiempo transcurrido.
El joven apareció desorientado, sin zapatos ni otras de sus pertenencias y, además, fue incapaz de reconstruir lo ocurrido durante los días anteriores.
Otro hombre de 33 años salió de su trabajo en Sangolquí, localidad próxima a Quito, la noche del 21 de agosto para regresar a casa en taxi, pero desde entonces su familia perdió el contacto y comenzó una búsqueda que permitió localizarlo dos días después mientras caminaba desorientado.
Durante ese tiempo se modificaron las claves de sus cuentas bancarias, se realizaron transferencias y se efectuaron retiros de dinero, según el testimonio de sus familiares, mientras el sujeto no pudo explicar cómo llegó hasta el lugar donde fue encontrado.
En ese contexto, las autoridades registraron entre enero y julio 60 desapariciones involuntarias vinculadas al presunto uso de escopolamina en Ecuador, de las cuales 29 ocurrieron en Quito, según datos del Ministerio del Interior.
La mayoría de los casos correspondieron a hombres y la mediana de edad de las víctimas fue de 28 años.
El jefe del Departamento Operativo del Distrito de Policía Eugenio Espejo, Byron Flores, señaló que hasta el 25 de agosto de 2026 se registraron 297 casos de robos con sustancias químicas, frente a 181 en igual período del año anterior.
El agente explicó que esas sustancias pueden incluir ketamina y benzodiacepinas, además de la escopolamina, que puede ingresar al organismo principalmente por vía oral, al ser mezclada con bebidas o alimentos.
También puede absorberse por las mucosas, aunque los especialistas señalan que el contacto casual con objetos o papeles no provoca por sí solo una intoxicación.
Para Enrique Terán, académico del Colegio de la Salud de la Universidad San Francisco de Quito, la escopolamina puede provocar amnesia anterógrada, una condición en la que la persona conserva recuerdos anteriores, pero tiene dificultades para recordar lo ocurrido después de la exposición.
El especialista, citado por la emisora Radio Pichincha, explicó que no existe un medicamento que revierta de manera inmediata los efectos de la sustancia una vez que ha sido absorbida y que el organismo necesita eliminarla naturalmente.
Aunque en varios casos no ha sido posible determinar la sustancia utilizada, la escopolamina o burundanga es un nuevo motivo de temor para los ecuatorianos, que sufren una crisis de seguridad a nivel nacional.
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