Por: Mario Muñoz Lozano
El Senado aprobó el pasado 15 de septiembre el proyecto de reforma promovido por la mayoría de derecha, aunque el texto deberá regresar a la Cámara de Diputados para su aprobación definitiva debido a las modificaciones introducidas durante su tramitación.
La iniciativa contempla un premio de gobernabilidad de 70 escaños en la Cámara y 35 en el Senado para la lista o coalición que alcance al menos 42 por ciento de los votos válidos en ambas cámaras.
Asimismo, mantiene un umbral del tres por ciento para las listas y del 10 por ciento para las coaliciones, mientras las fuerzas políticas deberán indicar en sus programas el candidato a la Presidencia del Consejo de Ministros.
La reforma ha sido defendida por los partidos de la coalición gubernamental como un mecanismo destinado a favorecer la estabilidad y ofrecer mayor claridad a los electores sobre las alianzas que concurrirán a los comicios.
Desde la oposición, sin embargo, se cuestiona tanto el premio de gobernabilidad como el momento político elegido para modificar las reglas electorales. El senador Matteo Renzi, presidente del partido Italia Viva, acusó a la mayoría de diseñar una normativa ante el temor de perder las próximas elecciones.
Mientras, dirigentes del Partido Democrático y otras fuerzas opositoras calificaron de forma crítica el mecanismo que permitiría obtener una amplia representación parlamentaria a partir del umbral del 42 por ciento.
La tramitación parlamentaria también puso de manifiesto diferencias dentro de la propia mayoría en el poder. En julio, la Cámara Baja rechazó por un solo voto una enmienda relacionada con las preferencias electorales, una derrota que evidenció discrepancias entre parlamentarios de los partidos gubernamentales.
El episodio alimentó el debate sobre la capacidad de Meloni para mantener cohesionados a sus socios de gobierno —Hermanos de Italia, Liga y Forza Italia— mientras se aproxima la próxima cita electoral.
La propia primera ministra rechazó esta semana las especulaciones sobre un adelanto de las elecciones y afirmó que desea permanecer en el cargo hasta el final de la legislatura.
El debate sobre la ley electoral coincide, entretanto, con movimientos dentro de la derecha italiana. La Liga celebró este fin de semana su tradicional encuentro de Pontida, donde Salvini llamó a mantener la unidad del partido después de semanas de tensiones internas sobre la orientación futura de la organización y su estructura territorial.
A esas tensiones se suma el crecimiento del partido de ultraderecha Futuro Nacional, formación encabezada por el exgeneral Roberto Vannacci, que aspira a disputar espacio electoral a los partidos de la actual mayoría.
La nueva ley introduce además una cuestión relevante para las fuerzas opositoras, al establecer que las alianzas deberán presentar antes de las elecciones su candidato a la Presidencia del Consejo, disposición que puede obligar a la centroizquierda a resolver con antelación sus diferencias sobre liderazgo y programa.
En este escenario, el Partido Democrático, de Elly Schlein, y el Movimiento Cinco Estrellas, de Giuseppe Conte, mantienen proyectos políticos diferenciados, mientras otras formaciones de ese espectro político buscan definir el alcance de una eventual alianza electoral.
La reforma deberá superar ahora su último trámite en la Cámara de Diputados. Hasta entonces, la discusión sobre las reglas electorales continuará vinculada a la capacidad de la coalición gubernamental para conservar su actual equilibrio interno y afrontar un ciclo electoral marcado por la competencia dentro de la propia derecha y por los intentos de la oposición de construir una alternativa común.
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