La operación, desarrollada por los Carabineros y agentes de la División de Investigaciones Generales y Operaciones Especiales de la Policía, incluyó 17 registros personales, domiciliarios e informáticos contra igual número de personas, 14 de ellas menores de edad y tres adultas, informaron hoy fuentes judiciales y policiales.
Las investigaciones, coordinadas por las fiscalías de Roma, incluida la de menores, y de Venecia, se iniciaron mediante el seguimiento de ambientes digitales vinculados con el supremacismo, el neonazismo y corrientes de extrema derecha, indicó la agencia de prensa Ansa.
Los investigadores identificaron la participación de algunos de los indagados en el grupo denominado Chat del Nuevo Orden Europeo y de otros en el Frente Fascista Italiano, espacios digitales en los que, según las pesquisas, circulaban contenidos de propaganda nazi.
En el primero se difundieron materiales de carácter antisemita, mensajes de negación del Holocausto y documentos de exaltación de autores de atentados supremacistas. En el segundo aparecieron publicaciones de odio contra judíos, personas de color y homosexuales, además de imágenes de ejecuciones y ataques contra minorías étnicas.
Las autoridades también encontraron referencias a atentados perpetrados por extremistas de ultraderecha y material relacionado con la fabricación de artefactos explosivos y el manejo de armas.
Durante los registros fueron incautadas armas blancas, objetos y banderas con simbología nazi, así como dispositivos electrónicos utilizados presuntamente para la difusión de la propaganda.
De acuerdo con la documentación citada por medios italianos, en las conversaciones aparecieron asimismo propuestas de posibles ataques contra determinados objetivos, entre ellos una mezquita, una sinagoga y una escuela.
A los investigados se les atribuyen, según cada caso, delitos de instigación para delinquir, propaganda e instigación por motivos de discriminación racial, étnica y religiosa, así como conductas relacionadas con el adiestramiento para actividades con fines terroristas.
La operación vuelve a situar en el debate italiano la utilización de las redes sociales para la difusión de ideologías extremistas y los procesos de radicalización entre adolescentes.
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