En acto organizado en el capitalino Palacio Nacional de la Cultura, sede del Gobierno, la vicemandataria subrayó que esa institución fundada el 1 de noviembre de 1559 por el obispo Francisco Marroquín tiene una profunda dimensión de servicio y acompañamiento.
En el marco del mes dedicado a Nuestra Señora del Rosario, la bioquímica de profesión remarcó el valor de preservar aquello que genera identidad y sentido de pertenencia.
Representantes de la Cofradía agradecieron el reconocimiento y lo dedicaron a quienes sostuvieron esta manifestación a través de las generaciones.
Un pilar fundamental de la hermandad radica en su rico patrimonio artístico e iconográfico, cuyo eje central es la venerada imagen de la Virgen del Rosario, encargada por los frailes dominicos en el siglo XVI y esculpida en plata.
Organizó, según documentos históricos, desde sus inicios solemnes procesiones, cultos litúrgicos y festividades durante el mes de octubre, por lo cual obtuvo el título de “Reina y Patrona de Guatemala”.
A lo largo de los siglos, la cofradía acumuló un valioso tesoro en orfebrería, mantos bordados y exvotos que reflejan la profunda piedad popular y el mecenazgo de sus miembros.
Más allá del ámbito devocional, acotaron historiadores, la institución cumplió una labor asistencial decisiva, al sufragar entierros dignos, apoyar a viudas y huérfanos, y mantener lazos comunitarios perdurables a través del tiempo.
Su legado continúa vivo en el Templo Dominico de esta capital, con la tradición mariana más antigua y representativa del país.
El catolicismo no solo ha sido una religión dominante en este territorio centroamericano, sino asimismo un eje vertebrador de la cultura, la política y los valores chapines desde el siglo XVI hasta el presente.
Las hermandades y cofradías sirvieron a nivel nacional como redes de ayuda mutua, preservación comunitaria y organización social.
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